Venezuela decretó siete días de duelo nacional mientras continúan las tareas de rescate por los terremotos
Venezuela está atravesando una de sus peores crisis en la historia reciente después de los devastadores sismos que sacudieron el norte del país el pasado 24 de junio. Las cicatrices que han dejado estos terremotos se evidencian no solo en las pérdidas humanas y materiales, sino en las marcadas dificultades para atender la situación de emergencia ante un colapso evidente de las infraestructuras afectadas.
En un gesto que envuelve tanto dolor como solidaridad, el gobierno venezolano, liderado por Delcy Rodríguez, anunció la implementación de un decreto de duelo nacional que se extenderá por una semana completa en homenaje a las miles de víctimas. La medida, anunciada el miércoles, surge mientras los supervivientes y las familias afectadas enfrentan un desafío abrumador entre la desesperación y la paciencia, esperando noticias de las labores de rescate y del paradero de sus seres queridos. El drama humano que ha emergido pone de relieve la crítica situación que se vive actualmente en el país, más allá de las cifras y los números.
Las estadísticas proporcionadas por el gobierno resultan demoledoras: 2.295 muertos y 11.267 heridos han marcado la estadística oficial a fecha reciente, mientras todavía se continúa recopilando información acerca de una situación que amenaza con deteriorarse aún más en términos humanos y de recursos. Más de 12.800 personas se han visto desplazadas, enfrentándose a una realidad pendiente de básica ayuda humanitaria para sobrellevar el día a día en un entorno ya de por sí complicado. Las tareas de búsqueda no se detienen, prolongándose en las áreas más azotadas por los sismos, con especial enfoque en el estado de La Guaira.

Sin embargo, el decreto de duelo ha desencadenado reacciones encontradas entre las comunidades afectadas y organismos civiles, que no han vacilado en criticar enérgicamente la labor gubernamental. Acusan al poder de dificultar la llegada de ayuda humanitaria a las áreas más urgidas de recibirla. En medio del clamor popular, resisten las imágenes de la autoorganización de vecinos, voluntarios, e incluso rescatistas provenientes de otras latitudes que, con gran esfuerzo, han hecho frente a la debacle causada por la destrucción de edificios, comercios e infraestructuras vitales.
Por otro lado, la sombra económica de esta tragedia empieza a esbozarse en las primeras evaluaciones realizadas por agentes especializados, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que ha cifrado las pérdidas directas en 6.700 millones de dólares americanos, representando cerca del 6% del Producto Interno Bruto de Venezuela.