Aguada de Guerra celebró el Año Nuevo Mapuche con una ceremonia intercultural bajo la nieve
El frío intenso y una acumulación de hasta tres centímetros de nieve sobre la Ruta Nacional 23 conformaron el escenario natural que enmarcó la celebración del Wiñoy Tripantu (Año Nuevo Mapuche) en Aguada de Guerra.
Lejos de ser un obstáculo, el clima fue recibido por los pobladores como una bendición y un augurio de prosperidad hídrica para una zona ganadera habitualmente castigada por la sequía.

Todo el desarrollo de estas jornadas, marcadas por el respeto y la espiritualidad, fue registrada en el territorio del periodista Ricardo Manrique para Canal 10, visibilizando una celebración que este año tuvo la particularidad de ser íntegramente intercultural.
Dos días de renovación y saberes compartidos
La convocatoria fue impulsada por la Ruca Mapuche del Lof Ce Kume Mapu, bajo la premisa de vivir "un tiempo de renovación, agradecimiento a la Ñuke Mapu y encuentro comunitario". A través de una invitación abierta a toda la sociedad, la comunidad propuso fortalecer la interculturalidad y la unidad entre los pueblos con una nutrida agenda.
Las actividades comenzaron el martes 23 de junio a media mañana, con un encuentro cultural directo entre la comunidad y la Escuela Hogar 151 de la localidad. Según el cronograma oficial de la organización, la tarde continuó con espacios dedicados a repasar la historia local y los relatos de los antiguos (Kuyfi Che). Luego de un cierre de actividades con los niños y niñas, a las 18:00 horas se procedió a la colocación de banderas, dando paso al encendido del fogón comunitario. La primera jornada culminó con charlas y una cena a la canasta acompañada de ulkantun (canto tradicional).

Este miércoles 24, tal como estaba previsto, la ceremonia de Wiñoy Tripantu inició a las 8:00 de la mañana. Los integrantes del Lof, autoridades tradicionales, docentes y alumnos aguardaron en torno al fuego la salida del sol. Con los primeros rayos, comenzaron las rogativas.
Uno de los referentes de la comunidad explicó el significado del momento: "Estamos festejando una nueva vuelta del Antü (sol), una nueva renovación de la Ñuke Mapu (Madre Tierra) e incluso del mismo ser humano. Hoy se renuevan todas las fuerzas naturales, la de los Ngen, que son los cerros. Para nosotros los cerros y las plantas tienen vida, son seres vivientes".

Durante el ritual, los presentes ofrendaron elementos a la tierra girando en torno a las banderas, momento en el cual se presentó un nuevo emblema que identificará específicamente a la comunidad de Aguada de Guerra. Los más pequeños —los pichiqueche— tuvieron un rol activo sirviendo los componentes para el agradecimiento.
Una de las mujeres de la comunidad relató su vivencia frente a las bajas temperaturas: "Estábamos bendecidos por la pirren (nieve). Fue muy emocionante el Wiñoy Tripantu y la salida del sol. No sentíamos frío, estábamos con total respeto haciendo lo que teníamos que hacer".
La escuela como puente cultural
La participación de la Escuela Hogar 151 de jornada completa materializó el concepto de Educación Intercultural Bilingüe (EIB) en el terreno. Mario, director del establecimiento, destacó la importancia de que la cosmovisión originaria se practique comunitariamente: "Nuestros alumnos aprenden la lengua mapuche y artesanía. La interculturalidad es un eje transversal; durante todo el año, los docentes planifican en conjunto para revalorizar y rescatar la cultura, los cuentos y las leyendas".
Los estudiantes, abrigados frente a la helada matinal, también compartieron sus impresiones. Valentín, alumno residente, valoró el ritual en torno al fuego, mientras que otro de sus compañeros sintetizó el espíritu de la fecha: "Para mí el año nuevo mapuche es pedirle a la Mapu para que se renueve la vida, pedirle que llueva y que venga nieve también para los animales".

Tras la ceremonia a la intemperie y un desayuno comunitario, las familias se resguardaron para continuar con diversas expresiones culturales bajo techo. Al mediodía, el encuentro dio paso a un gran almuerzo comunitario que incluyó un tradicional asado de capón, en un espacio que contó con el acompañamiento de la Comisión de Fomento local para la provisión de leña y alimentos.
En este marco de camaradería, también hubo lugar para la memoria. El sobrino del lonco local, quien participó en la construcción de la ruca, aprovechó las cámaras para homenajear a quienes sostuvieron la identidad a lo largo del tiempo, enviando un saludo especial a su abuela Venera, de 98 años, radicada en Viedma. "En memoria de ella estamos nosotros hoy haciendo todo esto. Nos ha enseñado a hablar desde el respeto y a estar en comunidad", reflexionó, agradeciendo a los miembros de localidades vecinas, como Maquinchao, que se acercaron para acompañar.
Durante la tarde, el cronograma continuó con charlas acompañadas de una mateada con yiwin kofke (tortas fritas), hasta que a las 16:00 horas se realizó la despedida oficial de los pu lamngen (hermanos y hermanas), quienes emprendieron el regreso a sus hogares.
Con la nieve cubriendo el paisaje, Aguada de Guerra cerró un Wiñoy Tripantu que reafirmó, en la práctica, el mensaje de su convocatoria: fortalecer con el corazón abierto el respeto y la unidad entre los pueblos.
Crédito fotográfico: Ricardo Manrique. Canal 10 RN.