El papa León XIV canonizó a Carlo Acutis, el santo influencer de la Iglesia Católica
El domingo pasado se vivió un acontecimiento histórico en el Vaticano cuando el papa León XIV declaró santo a Carlo Acutis, convirtiéndose en el primer santo millennial de la Iglesia Católica. La ceremonia de canonización, que fue la primera del pontificado de León y tuvo lugar en la majestuosa Plaza de San Pedro, atrajo a una multitud de 80,000 personas. Además de Acutis, se canonizó a Pier Giorgio Frassati, otra carismática figura italiana.
Carlo Acutis, nacido el 3 de mayo de 1991 en Londres en una familia que inicialmente no profesaba el catolicismo, desarrolló una notable devoción religiosa desde una temprana edad. Tras mudarse a Milán, su infancia estuvo influenciada por esta fuerte fe. Acutis mostró interés por la informática desde pequeño, dedicándose a la autoeducación en el ámbito de la programación. Esta inquietud lo llevó a ser conocido como "el influencer de Dios", a través de su principal contribución tecnológica: un sitio web multilingüe dedicado a documentar los milagros eucarísticos reconocidos por la Iglesia.
La canonización de Acutis marca un hito en la relación de la Iglesia con la nueva era digital, bajo el firme apoyo del anterior papa Francisco, quien falleció en abril y fue un ferviente defensor de la canonización de Acutis. Francisco vio en Acutis un puente necesario para conectar a la juventud con la fe católica en un mundo cada vez más digitalizado y lleno de desafíos cibernéticos.
Durante su homilía, el papa León destacó las vidas de Acutis y Frassati como ejemplos para la juventud contemporánea. "El mayor riesgo en la vida es desperdiciar el propósito de Dios", mencionó León, haciendo un llamado a no malgastar la vida, sino a elevarla y convertirla en una obra maestra, resonando con el espíritu de consagración con el que vivieron los santos recién canonizados.

Acutis, quien dedicaba cantidades significativas de tiempo a la oración diaria frente a la Eucaristía, sorprendentemente balanceaba su afición por la tecnología con la devoción religiosa. Manteniendo la disciplina, evitó los excesos digitales que suelen caracterizar a su generación.
Su vida fue truncada a la edad de 15 años cuando falleció en octubre de 2006 debido a una leucemia aguda. No obstante, su legado y su cuerpo reposan en Asís, lugar asociado con San Francisco, donde miles visitan su tumba anualmente para rendir homenaje al joven que conquistó tanto el ciberespacio como el espacio espiritual de la fe cristiana.