HACE 14 AÑOS
Luego del impacto la sociedad se levantó impulsada por la solidaridad.
Según citó el diario El Cordillerano, alrededor de las 15 horas del 4 de junio de 2011, la tarde soleada en pocos minutos se transformó en oscuridad. A los pocos minutos una lluvia de cenizas comenzó a cubrir la ciudad y el cielo tronaba anunciando el comienzo de unos días interminables.
La fuerza de la naturaleza se impuso la tarde del 4 de junio de 2011, afectando a las comunidades de Bariloche y la región con la inesperada erupción del volcán Puyehue-Cordón Caulle, de Chile. Era un sábado frío pero soleado y alrededor de las 15 horas, todo comenzó a cambiar. El cielo se fue cubriendo y en pocos minutos, llegó la noche. El desconcierto fue total, la gente enviaba mensajes telefónicos a sus familiares o amigos intentando entender lo que estaba sucediendo.
No hubo tiempo para mucho más porque comenzó a caer un granizo desconocido, grande y gris y luego, llegó la lluvia de arena volcánica. En pocos minutos se fue cubriendo el maravilloso verde que rodea a la ciudad y todo fue perdiendo su color.
Al poco tiempo se fue sabiendo lo que ocurría, había entrado en erupción un volcán en Chile. Los supermercados se abarrotaron de personas que, desesperadas, compraban agua mineral, papel higiénico y algo de comida. Más tarde se sumaron los barbijos.
La información que llegaba era muy poca y tan diversa que solo creaba mayor confusión. Que inhalar esas cenizas dañaba los pulmones fue una de las más alarmantes y contundentes. Había que usar el sentido común pero no era tan simple hacerlo en el medio del caos.
Mascotas a resguardo y a esperar a que esa tormenta totalmente desconocida cesara, el cielo tronaba a más no poder y solo se iluminaba con relámpagos y rayos.

Cerca de la medianoche comenzó a calmar pero muy pocos descansaron. Algo había que hacer aunque no había muchos indicios de por dónde empezar. Bariloche quedó paralizado, sus calles, barrios y bosques quedaron sepultados bajo una profunda capa gris.
Pocos comercios abrieron sus puertas y de manera totalmente espontánea, vecinos se fueron agrupando con palas en mano, para despejar.
Y poco a poco la ciudad se fue levantando, se hizo cotidiano ver pasar por las calles, camiones volcadores colmados de cenizas. Meses después Bariloche y su gente se habían puesto de pie con una campaña en la que se unieron miles de vecinos para limpiar la ciudad de ceniza.
Hubo comunidades a las que les tocó otra clase de suerte por la erupción. Los pobladores de la Línea Sur vieron morir sus animales por falta de agua y alimento y aún ahora, 14años después, se encuentra esa ceniza en el suelo, entre los coirones.