2026-02-05

Cambio climático y fruticultura, una relación conflictiva con posibles soluciones

El Ingeniero Agrónomo, Agustín González, desanda el camino del cambio climático y su impacto en la fruticultura que hoy se encuentra en el medio de un escenario muy pesimista, pero con posibles soluciones.

Temperaturas extremas, granizo, viento y alteraciones en los ciclos biológicos son algunas de las consecuencias del cambio climático que ya afectan al Alto Valle. No se trata de episodios aislados, sino de una sucesión de eventos que vuelven cada vez más inestable la producción frutícola, una de las principales actividades económicas de la región.

Diego Agustín González, Ingeniero Agrónomo egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias y docente de la Universidad Nacional del Comahue, trabaja desde hace años en el estudio del cambio climático y su impacto en los sistemas productivos regionales. 

En una maestría reciente, González analizó el ciclo de vida de la producción agropecuaria y la huella de carbono. “La tesis que desarrollé fue sobre análisis de ciclo de vida en alfalfa, un estudio en una chacra de General Roca. En este tipo de análisis se busca interpretar las huellas ambientales, cómo impactan y qué situación generan en una chacra en producción”, detalló.

Aunque la huella de carbono parece ser un tema lateral al cambio climático, su aumento ha modificado el ecosistema del valle productivo. El ingeniero comentó que hace 10 años realizaron el primer trabajo de huella de carbono en chacras frutícolas del Alto Valle y los valores fueron sorprendentes; la producción de manzanas o peras generaba un alto nivel de secuestro de carbono, principalmente a través de la tierra y su materia orgánica. 

Para González el cambio climático se traduce como modificaciones en patrones normales del clima en una región. “Uno podría pensar en esos patrones y decir; ¿cómo es la temperatura en el Alto Valle?, ¿cómo ha sido en los últimos años?”, cuestionó. 

Estos procesos son analizados en períodos de 30 años para poder identificar tendencias y los fenómenos se pueden distinguir por lo menos en dos categorías: natural y antrópico. 

“En los últimos años, hay un componente de forzamiento muy importante que es antrópico, principalmente vinculado con la quema de combustibles y los procesos de industrialización que generan una mayor emisión de gases de efecto invernadero, entre ellos el dióxido de carbono, y de ahí la necesidad de medir la huella de carbono”, afirmó.

La tendencia generalizada que ha tomado más peso en los últimos años es el aumento de temperatura, que no solo se traduce como “más calor”, sino también desencadena otros fenómenos como es el caso de las heladas o granizo.

“Hemos tenido heladas en febrero, hemos tenido heladas a finales de octubre o principios de noviembre que generan realmente muchísimo daño a la producción”, advirtió, señalando que estos episodios se repiten con mayor frecuencia o intensidad.

Actualmente, el evento frecuente que atraviesa tanto Neuquén como Río Negro es la sequía. “Las dos provincias han declarado la emergencia por sequía porque ya no solo es una sequía meteorológica de un año que llovió un poco menos de lo normal, sino que es una sequía que se ha extendido en el tiempo”, explicó.

Esta sequía prolongada o sequía agrícola se constituye como un evento frecuente y de mayor intensidad que afecta directamente a la producción y que es producto del cambio climático. El ingeniero detalló que no solo disminuye el caudal de los ríos, sino que también bajan los niveles freáticos y aumentan las temperaturas “lo que genera una demanda de agua en los cultivos y una demanda evapotranspirativa”.

(Fotos Tania Domenicucci)

Frente a este escenario, la adaptación es la principal herramienta utilizada por los productores rurales para “luchar” contra el cambio climático. Algunos ejemplos son la utilización de mallas antigranizo o el recambio de plantas tradicionales por variedades con mayor tolerancia a temperaturas extremas. 

“Es muy común que las empresas coloquen mallas antigranizo como respuesta a una situación que antes era poco frecuente. Además, hoy también se usan para evitar el asoleado o la quema de la fruta, algo que antes ocurría solo en casos puntuales”, explicó.

Otra arista que se desprende de este tema es claramente el aumento de la radiación del sol porque “al haber menos disponibilidad de humedad, se genera que también tengamos valores de radiación mucho más fuertes en el seno del valle, donde previamente no lo teníamos porque la napa estaba más cerca, el río tenía más agua y la humedad ayudaba a atrapar la radiación”.

 

González explica que son procesos que tienen que ser analizados de manera integral, como una cadena donde “el aumento de temperatura genera mayor evaporación, mayor demanda en los cultivos, mayores tormentas puntuales o tormentas de verano convectivas, a veces con granizo y con desplazamientos temporales, donde la típica lluvia antes caía en determinados meses se ha ido corriendo a meses atípicos”.

El aumento o disminución de la humedad es un factor clave para otro componente del ecosistema Alto Valle, que son los insectos y microorganismos como los hongos patógenos. Uno de los más conocidos es la sarna del peral. 

El ingeniero explica que hasta hace algunos años la sarna estaba presente en zonas productivas de Río Colorado, pero hoy el personal de las chacras frutícolas del Alto Valle “tiene que estar preparado ante una alerta por sarna porque una vez que el patógeno ingresa al tejido vegetal ya no se puede sacar, hay una ventana de trabajo muy acotado de 12 a 48 horas”. 

El ingeniero resaltó que todos estos fenómenos descritos suelen afectar en mayor medida al modelo frutícola tradicional, que son los sistemas productivos basados en un solo cultivo, de manzana o pera. Una salida a la problemática sería plantear un sistema agroecológico que “al tener distintas especies y alturas, muestran un mayor nivel de adaptación al cambio climático”.

Si bien aclaró que este tipo de producción todavía no predomina en el Alto Valle, destacó que se trata de una alternativa creciente. “Es algo incipiente, pero cada vez más productores migran hacia sistemas agroecológicos que no solo se adaptan mejor al cambio climático, sino que además generan una huella ambiental mucho más baja que la producción tradicional”, afirmó.

¿Cuál es la situación actual del cambio climático en Alto Valle?

Explicó que dentro de los estudios de cambio climático se hacen proyecciones futuras en función de distintos aspectos, que si bien existen cinco alternativas hay dos que predominan por sobre las otras.

“En este mundo tan cambiante hay proyecciones totalmente pesimistas donde hay una explotación total de todos los recursos y una gran emisión de gases de efecto invernadero que aceleraría las tendencias”, detalló. 

Sin embargo, en el otro extremo, la proyección futura es al revés. “Se detiene la máquina industrial, todos los países cambian sus matrices energéticas hacia energías más limpias y disminuyen drásticamente su huella de carbono y entonces con eso se simula el clima futuro”. 

González explica que hoy el cambio climático en el Alto Valle se encuentra transitando en medio de estos escenarios, donde no es pesimista, pero se habla de un aumento sostenido de las temperaturas en los próximos 30 años y una disminución de las precipitaciones en un 15% que va a impactar en el derrame de los ríos que cruzan la región del Comahue.

“Hoy el sistema frutícola está en marcha y funciona, requerirá más inversiones para algunas cuestiones particulares y tendrá que ir viendo los desafíos que se le van plantando para poder ir resolviéndolos”, concluyó. 

(Fotos Tania Domenicucci)

 

 

 

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