El impacto de El Niño en la apicultura: cómo afecta la variabilidad climática el trabajo de las colmenas en el Alto Valle

El especialista del INTA Alto Valle, Salvador Sangregorio, advirtió sobre las consecuencias del cambio climático en la actividad apícola del norte patagónico. Variaciones térmicas abruptas, vientos e inestabilidad alteran la rutina de las colmenas y disminuyen la calidad nutritiva del polen.

09/10/2026

Las abejas también se ven afectadas por estos cambios climáticos. Foto Tania Domenicucci
Las abejas también se ven afectadas por estos cambios climáticos. Foto Tania Domenicucci

El fenómeno climático de El Niño continúa marcando la pauta de la producción en la región. La combinación de días cálidos seguidos de vientos fuertes, heladas tardías y lluvias no solo trastoca las rutinas habituales del campo, sino que impacta de manera directa en el comportamiento y la nutrición de las colmenas en una etapa crucial del año.

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Al analizar este panorama, el especialista y referente en apicultura del INTA Alto Valle, ingeniero agrónomo Salvador Sangregorio, remarcó que las alteraciones observadas en la zona forman parte de un problema global. “El fenómeno El Niño está afectando al planeta, no es un problema de nosotros acá en la Patagonia, sino que es a nivel mundial”, explicó.

Además advirtió que “tenemos que acostumbrarnos, lamentablemente, a estos fenómenos de disparidad en el clima, con eventos cortos, intensos y bastante dañinos”.

En la práctica cotidiana del Alto Valle, esta inestabilidad se traduce en cambios bruscos que perjudican el trabajo de los apiarios. Según detalló Sangregorio, es cada vez más frecuente pasar de jornadas primaverales a varios días de viento e incluso heladas tardías. “Si hay días de mucho viento, la abeja no puede salir a hacer su trabajo, que es recolectar néctar y polen de las flores y trasladarlo”, indicó.

A esto se suma un deterioro en la calidad del alimento disponible: “Hemos visto variantes bastante significativas en la cantidad y calidad del polen; el polen no tiene los aminoácidos ni las proteínas que solía tener, por lo tanto va a tener variación en su capacidad de nutrición”.

A pesar de estas complejidades, la temporada apícola avanza a ritmo sostenido en el norte patagónico. En este momento, según precisó el especialista, “los apicultores están en plena tarea de manejar el crecimiento de sus colmenas”. Tras el receso invernal en el que la reina frena la postura de huevos para sobrevivir con un metabolismo básico, el alargamiento de los días y la floración temprana de los frutales estimulan el desarrollo del panal.

“En los valles del norte de la Patagonia tenemos el aporte de un polen de muy buena calidad y temprano; con esas condiciones la reina se activa y empieza a poner huevos, por lo que aumenta mucho la población”, describió Sangregorio.

Esta expansión rápida genera un problema de espacio que activa el mecanismo natural de reproducción de la especie. “La naturaleza le ha dado a las abejas la enjambrazón: la reina vieja se va con un grupo grande de obreras a buscar otro sitio, y las que quedan adentro se fabrican otra reina para continuar el ciclo”, concluyó el técnico, explicando que la labor principal en este momento consiste en controlar ese proceso y aprovechar el exceso de abejas para formar nuevos apiarios.