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10/05/2026

El arte del telar en manos de una niña: Antonella, la pequeña guardiana de las tradiciones en Maquinchao

Con solo 11 años, se convirtió en símbolo de la cultura de la estepa. Su destreza en el tejido a telar conmovió en las redes sociales.

Antonella Hernández vive en Maquinchao y se convirtió en un símbolo de la identidad rionegrina. A su corta edad, maneja técnicas ancestrales de tejido y TN lo mostró al país.

Heredar tradiciones es, quizás, la forma más sólida de mantener viva la identidad de una comunidad. En Maquinchao, ese legado encontró un nuevo hogar en las manos de la niña. Con tan solo 11 años, Antonella ya maneja con una destreza sorprendente el arte del tejido a telar, una habilidad que la dio a conocer en todo el país tras la viralización de un video.

Lo que comenzó hace apenas un año como un desafío personal —"un rombo simple para probar", según sus propias palabras— se transformó en una pasión que hoy incluye tramas complejas. Entre sus logros más destacados se encuentra un diseño en telar que reza la frase “Mamá te amo”, una técnica de altísima dificultad técnica debido a la naturaleza de las fibras. Además del telar mapuche, que aprende junto a Gloria Hueche, Antonella domina el crochet, las dos agujas y el tejido de medias con cinco palillos.

 

Maquinchao: capital de la Lana y la historia

La historia de Antonella no se entiende sin su contexto. Maquinchao, ubicada a la vera de la Ruta Nacional 23 y a unos 300 kilómetros de Bariloche, es el corazón productivo de la Línea Sur. Declarada Capital Provincial de la Lana en 2004, la localidad celebra cada febrero su fiesta nacional para mostrar al mundo la calidad de su ganadería ovina, cuya genética Merino Australiano se remonta a 1908.

Nacida bajo el impulso del ferrocarril en 1912 (aunque sus vecinos celebran la fundación el 19 de marzo de 1905), el nombre Maquinchao proviene del tehuelche y significa “invernada” o “lugar donde se pasa el invierno”.

 

Un destino de turismo rural y naturaleza

Hoy, Maquinchao no solo es sinónimo de lana y ferrocarril, sino que también crece como un destino de turismo rural. Estancias como La Proveedora, Maquinchao o San Juan invitan a conocer la vida de campo, mientras que atractivos naturales como la Laguna Ñe Luan, el arroyo Maquinchao y las pinturas rupestres de Vaca Laufquen completan un paisaje cargado de mística patagónica.

El ejemplo de Antonella Hernández revaloriza este arte ancestral y asegura que la cultura de la estepa siga latiendo con fuerza en las nuevas generaciones.