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28/01/2026

"El dogo no es una amenaza": la Justicia autorizó que un niño se quede a dormir en casa del padre, pese a la mascota

La madre se oponía al régimen de pernocte argumentando que el animal representaba un peligro para el niño. Sin embargo, la Cámara de Apelaciones de Roca confirmó las visitas tras un informe ambiental favorable.
El padre logró obtener visitas semanales y pernoctes en su casa. (Foto: web)
El padre logró obtener visitas semanales y pernoctes en su casa. (Foto: web)

En un fallo que priorizó el vínculo paterno-filial y desestimó temores no fundamentados, la Cámara de Apelaciones de Roca confirmó que un niño pequeño podrá quedarse a dormir en la casa de su padre, rechazando el planteo de la madre que consideraba al hogar inseguro por la presencia de un perro de raza dogo.

El conflicto se originó cuando el papá recurrió a la Justicia para ampliar el régimen de comunicación y lograr que su hijo pudiera pernoctar en su vivienda. La madre se opuso, apelando la decisión de primera instancia bajo dos argumentos: la supuesta falta de capacidad cognitiva del niño para decidir y, principalmente, el riesgo que implicaba la convivencia con un animal de gran tamaño.

Para resolver la cuestión, se realizó un informe socioambiental. Los especialistas evaluaron el entorno paterno y observaron directamente al animal. La conclusión fue que, si bien se trata de un dogo, "al momento de la entrevista no presentó conductas agresivas" ni se detectaron antecedentes o indicadores de peligro inminente.

Con esta evidencia, los jueces entendieron que no existían "motivos graves" para restringir el derecho a la coparentalidad, el cual es fundamental para el desarrollo del niño en sus primeras etapas.

Pese a fallar a favor del padre, la sentencia le impuso una obligación expresa de garantía: deberá tomar todos los recaudos pertinentes y asegurar los cuidados necesarios cuando esté a cargo del menor. Además, ambos padres deberán informar al juzgado cualquier imprevisto dentro de las 24 horas.

La Cámara también sugirió medidas para bajar la tensión en la relación entre los adultos, como mejorar la comunicación y, eventualmente, sumar a una tercera persona —como la abuela materna— para que los intercambios del niño se den en un entorno armónico.