Economía estancada: el gasto público cayó un récord del 27% y el consumo se sostiene solo con tarjeta
La economía argentina enfrenta un momento crítico en su recuperación, caracterizado por un estancamiento en la actividad productiva y un desplome significativo del gasto público. En un informe reciente presentado por el Instituto Argentina Grande (IAG), se destaca una disminución histórica del gasto público del 27% en relación a años anteriores, siendo uno de los recortes más severos desde la crisis de la Convertibilidad.
Este ajuste drástico tiene implicancias directas en las finanzas del país, permitiendo un superávit primario logrado casi exclusivamente a través de la contracción en el gasto, destacando una baja de más del 70% en las transferencias hacia las provincias, y un desplome del 75% en la inversión estatal durante los últimos seis meses. Estos recortes han resultado en una paralización prácticamente total de las obras públicas esenciales para el desarrollo económico sostenible.
Por otro lado, el consumo interno se ve severamente afectado, ya que las ventas en supermercados y tiendas comerciales experimentan caídas de dos dígitos. En este contexto, muchos consumidores se ven obligados a recurrir al crédito y al uso de tarjetas para mantener el consumo personal, creando una dependencia preocupante que podría poner en riesgo a los hogares argentinos si la situación persiste.
Mientras tanto, el sector industrial y de la construcción continúan padeciendo una recesión marcada. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el crecimiento es prácticamente nulo, con diversas industrias todavía atascadas en niveles negativos de producción. Esto plantea una serie de desafíos para el gobierno, que debe idear estrategias para revitalizar estos sectores clave de la economía.
En el ámbito financiero, los esfuerzos por mantener la estabilidad cambiaria son evidentes. Detrás de estas maniobras se encuentra la operación más reciente que se realizó a comienzos de enero, cuando el país realizó un pago a bonistas gracias a un "repo" bancario de USD 4.900 millones. Este movimiento permitió al Banco Central reasumir la compra de divisas, acumulando USD 900 millones, pero también subraya la fragilidad de este equilibrio financiero.