Efemérides
Cuando juntar cosas se vuelve pasión: qué coleccionan en el Alto Valle
Ayer, 7 de enero, se celebró el Día de la Simpatía y del Coleccionista, y desde LCR quisimos saber: qué colecciona la gente del Alto Valle Este. La consigna se publicó en Redes y comenzaron a llegar mensajes, fotos y relatos. No solo aparecieron objetos, sino historias, recuerdos, viajes, herencias y pasiones que se fueron construyendo con el tiempo.
Coleccionar no es solo acumular. Detrás de cada colección hay búsqueda, esfuerzo, espacio para guardar, limpieza, y en muchos casos, dinero. Algunos empezaron porque heredaron objetos y continuaron, otros por casualidad conocieron a alguien que coleccionaba y se contagiaron, y otros simplemente porque algo los atrapó sin saber bien por qué.
Sellos, cómics, fotografías, arte, tazas, llaveros: son algunos de los objetos más comunes que suelen llamar la atención. Quienes estudian la psicología del coleccionismo aseguran que la práctica de buscar, seleccionar y reunir cosas existe desde siempre. Desde la Federación Española de Sociedades Filatélicas (FESOFI) la definen como un instinto humano básico, con estudios que datan de principios del siglo XX.
Desde chicos estamos rodeados de objetos que pueden transformarse en una colección. ¿Quién no recuerda el intercambio de figuritas en el patio de la escuela o guardar pequeñas cosas que llamaban la atención y que, con el tiempo, terminaron siendo una colección, por más chica que fuera?
No siempre sabemos por qué lo hacemos, pero existe una necesidad innata de conseguir. Nuestro cerebro necesita objetivos, como los propósitos de Año Nuevo, entrenar para una maratón o proponerse llegar a la cumbre de una montaña. En todos los casos, la recompensa genera placer. Esto tiene que ver con nuestra condición de buscadores, heredada de nuestros antepasados.
Hoy vivimos en una sociedad donde casi todo es accesible, pero antiguamente la búsqueda era constante: comida, refugio, supervivencia. Todo eso quedó grabado en nuestra genética. Ya no necesitamos arriesgar la vida, pero el cerebro sigue necesitando esa sensación de buscar y encontrar, que libera dopamina, el neurotransmisor del bienestar y la alegría.
Por eso, encontrar un objeto que buscamos mucho resulta tan satisfactorio, aunque también puede generar frustración cuando no se consigue. Con el tiempo, esa satisfacción puede volverse rutina y aparece la necesidad de algo más exclusivo. Coleccionamos por placer, por diversión, porque nos conecta con sentimientos, intereses, recuerdos y también porque aprendemos de historia y economía.
No se trata de desorden (aunque a veces pasa), sino de una afición. Algunos objetos se exhiben, otros se guardan, pero todos tienen valor. Si una colección cuenta una historia y te hace sentir bien, es una joya.
Desde LCR invitamos a nuestros lectores a contarnos qué coleccionan y la respuesta fue diversa. Llegaron muchos mensajes y fotos de colecciones, por lo que en esta nota compartimos solo una parte, con algunas de las historias y objetos que más se repiten y otros bien particulares.
Valentina, docente que está a punto de jubilarse, colecciona libros, palitos chinos y gatitos de la suerte, eligiendo cada objeto con cuidado. Nos dijo entre risas:
“Creo que colecciono de todo, porque soy una compradora compulsiva”.

Leonardo, de Ingeniero Huergo, contó a LCR: “Empecé a coleccionar casi sin saber que estaba empezando algo que me iba a acompañar toda la vida”, recordó. Su mamá trabaja en un jardín de infantes, un día que salió temprano fue a visitarla, ella le propuso conocer al hombre que ayudaba a regar las plantas del jardín y que vivía justo enfrente. “Crucé la calle y ahí conocí la pasión”, contó. Se trataba de ‘Rubio’ Miranda, quien le mostró un billete argentino de un peso de 1956, deteriorado, gastado y con ese olor inconfundible que, según explicó, solo quienes coleccionan saben reconocer. “Desde ahí no paro”, relató Leonardo, quien recordó que Rubio comenzó a mostrarle más billetes y, casi sin darse cuenta, le fue separando billetes argentinos, uruguayos y brasileros, además de monedas, sin preguntarse ni preguntarle el valor que podían tener. “Yo en ese momento no lo sabía, pero él tampoco parecía necesitar saberlo”, dijo.

Mientras tanto, le contaba anécdotas de su vida y hablaba de la historia huerguense. Con el tiempo, el camino de la colección sumó otro recuerdo importante: “Un billete de Brasil dedicado me lo envió un amigo de La Plata, Damián Sánchez, de NS Gold”, quien además lo introdujo en el mundo de las subastas de la numismática, ampliando aún más su colección.
Sabrina, integrante del cuartel de bomberos de Regina, compartió la colección de su hijo Kirian, de 6 años.
“La idea surgió cuando se dio cuenta que tenía bastantes autitos. Empezó a juntar plata para comprarse Hot Wheels, para su cumple le regalaron muchos porque saben que es loco por los autos. A donde va, los lleva”.

Marcelo, más conocido como “Cubilla”, es reginense y fanático del Club Atlético Regina y del fútbol en general. Una pasión que, junto al coleccionismo, les transmitió a sus hijos Santiago y Antonella, quienes lo acompañan a buscar nuevos objetos y a cuidar cada uno.
“Yo soy coleccionista hace 28 años”, contó a LCR. “Comencé a los 18 años a coleccionar junto a mi papá”, recordó. Colecciona camisetas del fútbol argentino del ascenso y hoy su colección ocupa cinco estanterías, con prendas de todas las provincias. Sus primeras camisetas fueron la Roma de Batistuta y la del Valencia de Aimar, jugadores que reconoce como sus preferidos. “Tengo varias, anécdotas muchísimas”, dijo, y recordó los numerosos viajes que realizó para conseguir camisetas.

Una de las que más le costó fue la de la Selección Argentina del Mundial 1998, ya que su objetivo es reunir todas las camisetas desde 1978 en adelante. “Me faltaba la del 98 y la conseguí hace unos días en Bahía Blanca”, contó. Entre sus preferidas se destacan las camisetas del Club Atlético Regina 2005, año en que el club volvió a jugar. “Las tengo casi todas, me faltan 3 o 4 nada más”, señaló. Marcelo viajó por Buenos Aires, Bahía Blanca, La Pampa, Neuquén, Puerto Madryn, Trelew, Bariloche y muchas ciudades más en busca de camisetas. También conserva tres camisetas del Mono Navarro Montoya, que fueron firmadas personalmente hace poco tiempo.

“Tengo miles de fotos, camisetas autografiadas, la del Mundial 78 firmada por Pato Fillol, una de Boca firmada por Marzolini y Sánchez, camisetas firmadas por el plantel de Ferro, una de Chávez del club Launes y una de Rosario Central”, detalló. A eso se suma una importante colección de fútbol histórico: la colección completa de la revista El Gráfico, la revista Goles de 1974, el banderín original y el cuadro original del Club Atlético Regina del Nacional 74, además de un cuadro en 3D con la clasificación, el día del partido y los goles de aquella histórica campaña.
Patricia envió la foto de la colección de su hija Juliana: más de 120 gomas de borrar. Su colección empezó desde pequeña, a partir de un regalo que su madre le trajo de uno de sus viajes a Las Grutas.
“Empezó cuando iba al jardín, con 4 años. Hoy va a la universidad. Cada una tiene un valor emocional”.

Nicolás colecciona figuras de anime.
“Siempre me gustó el anime. Vi un video en YouTube y eso me inspiró a coleccionar”.

Sonia colecciona tiras originales de Mafalda: tiene más de 500 y ninguna repetida. Empezó a los 12 años recortando diarios en Choele Choel, conoció a Quino en 1994 en Neuquén y aún conserva cada tira con cuidado.
“Siempre dije que si hay una inundación me llevo a mi hija, mis animales y mi colección de Mafalda”.

Francisco, o “Chesco”, colecciona latas, llaveros, platos de cobre, mates, monedas y una de sus colecciones más importantes: 258 botellas de vinos y champán de Río Negro.
Fue parte durante 15 ediciones de la Fiesta de la Vendimia, donde comenzó a guardar botellas que luego crecieron gracias al aporte de bodegas. Muchas de estas colecciones fueron exhibidas en la ciudad. Además, Chesco es parte de los inmigrantes italianos que forjaron Regina, trabajó muchos años en una escuela secundaria y fue parte de la creación de uno de los íconos reginenses… pero eso queda para otra nota.


Grandes o pequeñas, de autos, camisetas, historietas, monedas o recuerdos, no importa el objeto. Coleccionar siempre llama la atención y conecta con algo propio, con la esencia de cada uno.
Esperamos que esta nota no les despierte la necesidad de empezar una colección… y si sucede, sepan que fue totalmente intencional.
Nota: Celeste Cerezuela
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