Quién era Maximiliano Gallardo, el joven asesinado por una deuda por drogas
Maximiliano Gallardo tenía 30 años y arrastraba una serie adicción a las drogas que nunca pudo dejar atrás. Ni siquiera poniendo 1.600 kilómetros de distancia entre su Tucumán, donde no podía hacer pie; y Cinco Saltos, donde terminó asesinado de un tiro en la cabeza, el 17 de mayo de 2024.
Atravesó medio país buscando una nueva oportunidad; llegó a Cinco Saltos; estuvo haciendo changas para poder comer y dormía en las plazas o donde lo encontrara la noche, abrazado al bolsito que era lo único que le quedaba. Hasta que tres jóvenes que se encontraban un poco mejor y habían alquilado una pieza de inquilinato lo llevaron a vivir con ellos.
Como no tenía celular, ellos le prestaban el teléfono para que pudiera comunicarse con la madre, en la provincia norteña. En una de las últimas charlas le contó que parecía que todo iba a cambiar, porque les habían prometido trabajo en una chacra como personal temporario.
En el medio, también se había relacionado con un grupo de narcos que le suministraron drogas “a cuenta”. Leticia Saso, Federico Osés y Ezequiel Millar, que operaban desde su vivienda ubicada en Salta y Belgrano. La deuda había seguido creciendo y Gallardo se comprometió a pagar con un equipo de aire acondicionado que iba a conseguir.

El 17 de mayo de 2024, Gallardo y uno de sus compañeros de habitación caminaron hasta la antigua estación ferroviaria, a pocas cuadras de la residencia de trío narco. El amigo le previno: no era seguro ir a la vivienda. Decidió esperarlo: dos horas después decidió regresar a la pensión. Esa noche dejaron la puerta abierta, con la esperanza de que Maximiliano regresara. Pero no ocurrió.
Tres días después, los amigos se comunicaron con la familia y les contaron lo que estaba pasando. La mamá, Nancy Álvarez, realizó la denuncia por la desaparición y viajó a la región. Mientras tanto, la investigación de la Fiscalía fue avanzando.
Cómo ocurrieron los hechos
Según la reconstrucción que pudo realizar el ministerio público fiscal, aquel 17 mayo Gallardo ingresó a la vivienda y comenzó una discusión. Osés le disparó un balazo en la cabeza. El tucumano cayó muerto al piso. Saso llamó a Marcos Figueroa para que los ayudara a trasladar el cuerpo.
Lo enterraron en un lugar de muy difícil acceso, entre el Aeroclub y el Lago Pellegrini. Con el avance de la pesquisa, el círculo de sospechosos se iba achicando y los responsables empezaron a ponerse nerviosos. Millar terminó confesando como había ocurrido el crimen, responsabilizó a Osés por el disparo, y guio a los investigadores hasta el lugar donde ocultaron el cuerpo del infortunado joven.
En un juicio abreviado llevado en dos partes, los tres imputados aceptaron su responsabilidad. Osés, como autor material del homicidio agravado por el uso de arma de fuego; Saso y Millar, como partícipes necesarios. Además, se incorporaron otras causas por amenazas, intimidación, allanamiento de vivienda, hurto y resistencia a la autoridad. Después de la feria judicial se conocerá el monto de la condena.
Figueroa, el dueño del Renault Sandero con el que trasladaron el cuerpo, estaba acusado de “encubrimiento agravado” pero no llegó a juicio. Se suicidó de un disparo en su casa.