Publicidad
 
07/09/2025

Murió a los 106 años Rosa Roisinblit, referente de Abuelas de Plaza de Mayo

En el año 2000 logró reencontrarse con su nieto apropiado.

La comunidad argentina y el mundo se estremecieron con la noticia del fallecimiento de Rosa Tarlovsky de Roisinblit, presidenta honoraria de Abuelas de Plaza de Mayo, a la edad de 106 años. Tras una vida dedicada a la búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia, su historia se erige como símbolo de tenacidad en la recuperación de los nietos apropiados durante la dictadura cívico-militar en Argentina.

Conocida cariñosamente como “Rosita” por sus compañeras en la organización, Rosa nació en 1919 en la localidad de Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe. De joven, siguió la vocación de la obstetricia y se formó en la Universidad Nacional del Litoral, paso que luego la llevaría a liderar a un equipo de comadronas en Rosario. Allí comenzó a forjarse su profunda conexión con la maternidad y la vida misma, un vínculo que lamentablemente se vería marcado años después por el dolor de la pérdida y el secuestro de seres queridos.

Su mudanza a Buenos Aires trajo consigo una nueva etapa, donde contrajo matrimonio con Benjamín Roisinblit y vio crecer a su familia. En el horizonte de su vida feliz se asomaron las sombras de una dictadura cuando su hija, Patricia, y su yerno, José Pérez Rojo, ambos militantes de Montoneros, fueron arrebatados de su lado el 6 de octubre de 1978 en cercanías de su hogar en Martínez. Patricia estaba entonces embarazada de ocho meses cuando fue llevada al temible centro clandestino de detención conocido como la ESMA. Allá dio a luz en condiciones de cautiverio al niño que, como muchos otros, fue arrancado de sus brazos y desaparecido en el brutal circuito de apropiaciones ilegítimas.

 

 

Durante 22 largos años, Rosa luchó con inquebrantable perseverancia por hallar a su nieto, movida por el amor inagotable de una abuela que busca resarcir la injusticia hecha a su familia. Sería en el año 2000 cuando, por medio de una valiente denuncia anónima y con la tecnología genética de su lado, se le devolvería finalmente a su nieto, Guillermo Pérez Roisinblit. Este reencuentro no sólo reparó parte de su dolor personal, sino que también sentó un precedente vital en los juicios para castigar los crímenes de la dictadura. Los perpetradores del crimen de apropiación y de la tragedia de Patricia y José enfrentaron la justicia en múltiples procesos, materializando el incansable clamor de Rosa por justicia más allá de su propia familia.

Su labor no se detuvo ahí. En su larga batalla, Rosa no sólo cuestionó sino que emanó empatía por otras familias, expandiendo su deseo de justicia más allá de Guillermo. “Mi lucha es por todos los nietos que faltan”, proclamaba de manera infatigable en conferencias y encuentros con medios nacionales e internacionales. Aunque dejó su cargo de vicepresidenta en el 2021, sus acciones las acompañaron el título de presidenta honoraria de Abuelas, un rol de respeto y amor por su invaluable aporte a los derechos humanos no solo en Argentina, sino más allá de sus fronteras.

El comunicado de la organización resaltó su inmensurable contribución, describiéndola como un pilar en la conciencia de derechos humanos tanto en el país como a nivel mundial. Aunque su ausencia física deja un espacio imposible de llenar, el espíritu combativo de Rosa nos ha legado una voz imperecedera de memoria y esperanza. La comunidad y sus seres queridos la despedirán al recordar cómo la fuerza colectiva nació del dolor individual, gesto que seguirá inspirando generaciones futuras en la búsqueda de verdad y justicia.