EL PRODUCTOR LOCAL DE LOS CONCIERTOS COMPARTIÓ RECUERDOS
A 30 años de la visita del Flaco Spinetta a Bariloche: qué fue lo que hizo enojar al músico durante su estadía
Por Adrián Moyano.
Cuando Luis Alberto Spinetta tocó en Bariloche dos noches seguidas las cosas no resultaron del todo bien en materia económica. Si bien la gente llenó la Biblioteca Sarmiento, el estadio de Bomberos Voluntarios quedó un tanto grande y los números no daban. Una vez finalizada la música y a la hora de hacer cuentas, el Flaco estaba muy consciente de la insuficiencia. En reunión con el productor local pidió que cubrieran un par de gastos y listo. El anfitrión objetó que no era el arreglo e insistió con honrarlo, pero el prócer del rock levantó la voz: “Acá se termina. Paguemos lo que tenemos que pagar y despreocúpense. Está todo bien”. No sólo musicalmente fue inmenso el de Las Bandas Eternas…
El primero de los conciertos se concretó el 10 de agosto de 1995 y el segundo al día siguiente. 30 años después de aquellos momentos históricos, imposible no emocionarse junto con Marcelo Moscovich, el productor que materializó el retorno de Spinetta a los escenarios después de cierta ausencia. Aquel año “fue uno muy importante para Bariloche en materia de espectáculos porque en mayo traje a (Joan Manuel) Serrat. Fue la única vez que vino en su carrera y en noviembre hicimos la Camerata Bariloche con Eduardo Falú y la Suite argentina, un tema que todos los días a la medianoche pasaron por Radio Nacional durante décadas”, rememoró a instancias de El Cordillerano. “La gente de Bariloche conocía la obra perfectamente o al menos, sus principios. Y bueno, en agosto estuvo Luis en la Biblioteca Sarmiento y en Bomberos”, puntualizó.
El que firma recuerda la sonrisa del productor cuando trajo a la radio adonde trabajaba el simple de difusión que anticipaba el próximo disco doble de Spinetta. “Obviamente por mi edad escucho a Luis desde mi más tierna adolescencia. Crecimos con Almendra y estaba muy gustoso de su época con Pescado Rabioso, un cuarteto rockero importante. Después, en los años de Invisible y de Spinetta Jade, Luis se fue adentrando en sonidos relacionados con un idioma única y personal. Los Socios del Desierto fue volver al rock, al Luis rockero”, recordó.
Cuando llegó a esta ciudad, el Flaco “no tocaba hacía un año y medio porque había sufrido un choque eléctrico con su guitarra, había quedado jodido con eso”, evocó Moscovich. “Entonces, para la presentación de Los Socios del Desierto sólo estaba grabado el tema Cheques. Todavía no estaba el disco y fue el que nos mandó Luis para hacer la difusión. El doble salió después, entonces escuchar Cheques, al que las radios pasaron una infinidad de veces, era como ¡guau! Luis volvió al lugar del rock”. Y con contundencia.

Nada de chiquito
La presencia de Spinetta a orillas del Nahuel Huapi fue posible porque “se vino a vivir a Bariloche un muy amigo suyo, el Ruso Ulatowksy, socio de Luis en el estudio Diosa Salvaje. Como yo en ese momento producía espectáculos, me vino a ver y bueno, se dio una conexión muy linda. Me dijo que podíamos traerlo a Luis, yo propuse hacer una Biblioteca por la cosa de verlo a Luis en chiquitito. Lo imaginamos a él solo en la Biblioteca y después con Los Socios del Desierto”. Pero el principal involucrado tenía otros planes.
“Ahí vino la primera experiencia fuertísima que vivimos porque para traer los equipos y hacer Bomberos hizo falta un semi (remolque) que vino directamente desde Buenos Aires. Traían mucho equipamiento y cuando llegó el camión, dijeron que iban a tocar en formato trío también en la Biblioteca, cosa que yo no imaginaba”, compartió Marcelo. “Entraron a bajar una cantidad de equipamiento y yo pensaba que la Biblioteca no iba a aguantar el peso. Eran equipos más pesados que los que se usan en la actualidad y tuvimos que llamar a la CEB para que nos diera más energía y al final, el concierto tuvo un sonido espectacular”, evocó. Noche inolvidable.
A medida que transcurre el tiempo, se agiganta la importancia de la experiencia que vivió Moscovich. “Luis estuvo casi una semana en Bariloche. Fue una mezcla de venir, estar con su amigo y disfrutar de la ciudad. Vino con Patricia (Salazar), su mujer, y casualmente, estaba en Bariloche su hija Cata en viaje de egresados. Hubo un detalle lindo porque cuando probó sonido en la Biblioteca Sarmiento estaba Cata, que había llegado en ese momento. Seríamos 10 personas escuchando la prueba de y de repente, se levantan las dos (Cata y Patricia) y salen de la sala. Como salieron rápido, salí detrás de ellas. La mamá la abrazaba fuertemente y Cata lloraba, entonces pregunté si podía ayudar en algo. Cata me dijo: No lo veía a mi papá en un escenario hace un año y medio… Y eso fue re fuerte”.
Todo el período “fue muy lindo, todo muy familiar. Íbamos de casa en casa comiendo, charlando y, obviamente, con Luis hablé muchísimo sobre música. Un año después me mandó un casete con un concierto que había visto de Joni Mitchell en Los Ángeles, con Pat Metheny, Jaco Pastorius y esa banda mítica del disco Shadow and Lights. Los dos teníamos un amor por Joni Mitchell impresionante”, compartió Marcelo.

“Otra anécdota curiosa es que lo vimos enojado: un día estábamos en casa de Ulatowksy viendo un partido de River contra un equipo de Colombia en el que jugaba (René) Higuita. Hizo un gol el arquero de tiro libre o algo así y el mánager se rio, además de otras cargadas que venían de antes. Luis se puso como loco y empezó a gritarle. Le decía: ¡Estás aprovechando para reírte de mí! Una cosa que no tenía nada que ver… Después se calmó, pero tenía esas cosas. De repente le saltaban”, recordó el productor anfitrión.
Acto precioso
Y también de las otras cosas. “Terminados los dos conciertos estábamos sentados con Luis en la cocina de casa y teníamos que hacer los números finales. Me dice: Che, perdimos plata, ¿no? Le dije que sí, que no se preocupe, pero nos dijo: No, miren. Anoten esto… Teníamos que conseguir la palta para la Vieja, que era su mano derecha en el escenario, para el sonido y todas esas cosas y listo. Yo le dije que habíamos arreglado tanto en total y que eso era menos, pero insistió y dijo: Acá se termina. Paguemos lo que tenemos que pagar y despreocúpense, está todo bien… Yo no lo podía creer. Fue un acto precioso de su parte”, ponderó nuestro interlocutor.
Más allá del aniversario redondo importante para el pago chico, ¿qué sentido tiene evocar a Luis Alberto Spinetta en 2025, momento tan agresivo para la cultura en general y también para la música? Para Moscovich, se justifica porque “es tan clara la tremenda calidad de músico y de poeta, único, argentino hasta la médula, con Bajo Belgrano y su estar acá”, señaló. “A mí se me agigantan sus cosas como artista con los conciertos de Vélez: sabiéndose delicado y enfermo, logró hacer una síntesis del rock nacional y llamar a cada uno de los que vivían para hacer sus distintas bandas y evocar a Pappo, a Soda, a Charly, a Manal… Me pareció súper fuerte de su parte hacer ese cierre”, resaltó.
En aquella noche de 2009 “puso sobre la mesa la enorme importancia del rock nacional al acercar a todos estos músicos a sus conciertos, aunque con sus propias bandas ya tenía para hacer todos los conciertos que quisiese”, destacó. “Eso fue interesante, al igual que Diosa Salvaje, el estudio donde él vivía y cocinaba, un lugar de amor donde estaba con su música. Ahora parece normal, pero en esos momentos tener un estudio de grabación grande no era muy común”. Por otro lado, “creo que hoy, en 2025 Luis haría algunos chistes irónicos, se reiría de la realidad y también se enojaría muchísimo. Y seguiría siendo fan de River (risas)”. No va a alcanzar la vida para darle las gracias.