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6 de agosto: día del Veterinario y del Ingeniero Agrónomo

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07/08/2025

Día del Veterinario: una vida de emociones y entrega

Cada 6 de agosto se celebra en Argentina el Día del Médico Veterinario y del Ingeniero Agrónomo, dos profesiones clave para la salud, la producción y el bienestar de la sociedad. Desde LCR conocemos de cerca la historia de Gustavo Cipolletti, un veterinario reginense con más de tres décadas de trayectoria y un vínculo inquebrantable con los animales.
Desde hace más de tres décadas, Gustavo Cipolletti lleva adelante la veterinaria “Ciudad de La Plata”. Hoy, la recorremos. (Foto: Celeste Cerezuela)
Desde hace más de tres décadas, Gustavo Cipolletti lleva adelante la veterinaria “Ciudad de La Plata”. Hoy, la recorremos. (Foto: Celeste Cerezuela)

Por Celeste Cerezuela - Cada 6 de agosto se celebra en Argentina el Día del Médico Veterinario y del Ingeniero Agrónomo, en conmemoración de la creación de la primera carrera de Medicina Veterinaria del país en 1883, en la ciudad de Buenos Aires. Más de un siglo después, el rol de las y los veterinarios se ha expandido y fortalecido: ya no se trata solo de atender animales domésticos, sino también de contribuir a la salud pública, prevenir enfermedades zoonóticas, controlar la producción de alimentos, participar en la investigación científica y fomentar la educación.

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Pero si hay algo que no cambió, es que ser veterinario sigue siendo, para muchas personas, el sueño de la infancia. ¿Quién no dijo alguna vez de niño: “Cuando sea grande, quiero ser veterinario”? Esa imagen ideal, que mezcla ternura con admiración, es la semilla de una vocación que algunos, como Gustavo Cipolletti, decidieron convertir en forma de vida.

Gustavo lleva 35 años ejerciendo la profesión en Villa Regina. Primero, con una veterinaria en calle Remedios de Escalada, y desde hace 28 años, al frente de su actual clínica “Ciudad de La Plata”. “El nombre es un homenaje a la ciudad que me acompañó durante la carrera”, cuenta, con un dejo de nostalgia por sus años de formación.

Las paredes de su veterinaria están llenas de historias. Historias de mascotas que llegaron mal y se fueron bien, de personas que vuelven año tras año con un nuevo compañero, de niños que crecen junto a sus animales y también de despedidas que duelen. “Es hermoso ver que un día un animal entra con un cuadro complicado y, después de unos días, vuelve a recuperar la salud”, comenta Gustavo con una sonrisa.

En esos recuerdos también hay cansancio, esfuerzo y una entrega constante. “La veterinaria, como toda la medicina, no tiene horarios fijos. Hay días en los que trabajás desde muy temprano hasta la noche. Los pacientes no esperan”, explica. Además, resalta un dato poco conocido pero alarmante: “La medicina veterinaria presenta una tasa de suicidio tres a cuatro veces más alta que la de la población general. Muchas veces es muy frustrante, emocionalmente agotador. Te encariñás con los animales, con las familias, y cuando no podés hacer más nada, el golpe es duro. Encima, a veces el dolor del tutor se transforma en enojo, y lo descargan con vos”.

Sin embargo, a pesar del desgaste, Gustavo sigue firme. No está solo: en su clínica lo acompañan otros dos profesionales, Ramiro Etchepare y Marcelino Zapata, quienes comparten con él la pasión por la medicina. “Cuando arranqué, había muy pocas cosas: uno o dos collares, un par de marcas de alimento. Hoy hay de todo: medicamentos, juguetes, cosmética, tecnología... La profesión también evolucionó”, comenta.

Con una frase simpática resume la magnitud de su trayectoria: “Debo tener fichas con casi todos los apellidos de Regina”. Y no parece exagerar: son décadas recibiendo a las mascotas de una comunidad que lo elige y confía en él.

La historia de Gustavo Cipolletti refleja lo que hay detrás: sensibilidad, empatía, ciencia, vocación y una enorme capacidad de entrega. La misma que, de chicos, soñamos tener cuando decíamos que queríamos cuidar animales. Algunos lo soñaron. Otros, como Gustavo, lo hicieron realidad.

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