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Sociedad

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19/02/2025

Video: la emotiva historia de Gabriela, la creadora de la escuela de canotaje de Regina. “En la vida hay tiempo para todo, menos para rendirse”

A pocos días del provincial de canotaje, su fundadora nos cuenta cómo nació este proyecto, que va más allá de ser solo una escuela.
 “Ver lo que logramos y ver a los integrantes de este equipo en su primer provincial de canotaje, me llena de emoción”. (Fotos: Celeste Cerezuela)
“Ver lo que logramos y ver a los integrantes de este equipo en su primer provincial de canotaje, me llena de emoción”. (Fotos: Celeste Cerezuela)

La historia de Gabriela Temperini es de esas que conmueven, que inspiran y que, sin dudas, valen la pena contar. Una mujer que atravesó la dura realidad de un cáncer y lo enfrentó con fortaleza y ganas de salir adelante. Hoy, es la fundadora de la Escuela de Canotaje “La Isla” en Villa Regina, un espacio que nació de su amor por remar y que, en poco tiempo, se convirtió en un punto de encuentro para quienes comparten su misma pasión.

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Los lugares, casi siempre, guardan historias. En la Escuela de Canotaje de Regina, las paredes hablan por sí solas: fotos colgadas que reflejan momentos inolvidables, el paso del tiempo y la construcción de un sueño. Mientras recorremos el espacio, Gabriela me cuenta con orgullo cómo fue transformando el lugar y cómo, en apenas tres meses, logró ponerlo en funcionamiento. “Ver lo que logramos y ver a los integrantes de este equipo en su primer provincial de canotaje, me llena de emoción”, me dice mientras observa con admiración a sus alumnos entrenar para la primera de las seis fechas del torneo provincial, que tendrá como sede inicial a “La Isla”.

Paseamos juntas por la orilla del río, con la brisa pegando suave en nosotras. En ese entorno natural, Gabriela recuerda cómo nació la idea de la escuela. “Un día empecé a remar y me pregunté, ‘¿por qué tengo que remar sola?’. Ahí comencé a pensar en armar una escuela”, relata con una sonrisa. Pero su camino no fue fácil. “Cuando salí de mi recuperación, no podía hacer nada, había perdido la movilidad. Recuperarme de la mastectomía me costó mucho. Yo jugaba al básquet y quería hacer algo más, pero tenía miedo, me cuidaba mucho de los deportes de contacto”, me cuenta con sinceridad.

Entonces, llegó el momento de enfrentar sus miedos. “Un día vine al río y me di cuenta de que si me caía, el golpe no iba a ser tan fuerte. Me sentí segura. Un tratamiento oncológico te deja con muchos miedos, pero dije: ‘me voy a animar’. Al principio no tenía ni idea del canotaje, pero la idea siempre fue ayudar desde la empatía y compartir”, recuerda. Y esa filosofía de vida es la que hoy sostiene el espíritu de la escuela.

Antes de despedirnos, Gabriela me muestra una frase escrita en las paredes del lugar: ‘En la vida hay tiempo para todo, menos para rendirse’. Me pareció tan profunda y contenedora que, en ese momento, supe que debía ser el título de esta nota.

Por: Celeste Cerezuela

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