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14/01/2025

Violencia de género: el crudo testimonio de una mujer que pudo contarla

Una joven contó cómo fue su efímera relación con el “amor de mi vida” hasta que mostró su lado oscuro y perverso.
La joven relató con detalles la terrible experiencia que le tocó vivir. Foto: facebook de Gisella A.
La joven relató con detalles la terrible experiencia que le tocó vivir. Foto: facebook de Gisella A.

Una joven pudo contar la dramática historia que le tocó vivir cuando comenzó una relación con el que creía el “amor de mi vida”, pero que se transformó en una pesadilla de violencia psicológica y física que en algún momento la pusieron al borde de la muerte. El relato, efectuado a través de las redes sociales, es muy descriptivo de un vínculo tóxico del que afortunadamente pudo salir.

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Esta historia de Gisella, una emprendedora neuquina con dos trabajos y muchas ganas de vivir la vida a pleno, comenzó en septiembre del año pasado, cuando conoció a Franco M.R., una persona de 29 años que había llegado a la región para buscar un empleo. Estaba viviendo en la casa de una mujer en Cipolletti.

“Quizás muy infantil, muy ingenua, muy inocente, muy tonta, me enamoré de él la primera vez que lo vi. Es la clase de hombre con la una mujer sueña”, contó en su relato en Facebook. Así que Franco se fue a vivir con ella pocos días después. Pero de a poco fue mostrando su verdadera cara. Poco afecto al trabajo, vivía de lo que le mandaban sus padres y lo que le prestaba su novia.

Los moretones muestran la violencia física que recibió la mujer. Foto: gentileza Gisella A.

 

Pero la historia más trágica se dio en General Acha, durante la fiesta de fin de año. Tras una discusión que fue subiendo de tono, “se levantó mucho más enojado, me ahorcó, y tiró al piso, puso sus rodillas sobre mi estómago, y me sujeto de ambos brazos, tomó mis dedos, y comenzó a doblarlos hacia atrás, torturándome. Comencé a gritar, llorar, retorcerme (…). Cuando salió de encima me levanté, me agarró de los brazos y me metió una trompada en la cara. Empecé a correr hacia la pieza, salté la cama e iba a ir por la ventana, me agarró antes, y me tiró contra unas placas de Durlock, las mismas se partieron. Caí al piso, sin poderme levantar, lo escuché irse, volvió enseguida y me volvió a sujetar, y darme el cuerpo contra el piso zamarreándome, volví a golpearme con las placas sobre las que caí”.

A su regreso, “sacó de una mochila un anillo de compromiso y me lo dio. Lloré horrores, era mi sueño, y estaba siendo toda una pesadilla. Le dije que yo le hubiese dicho que Si. Me acosté, y me trajo hielo para un hematoma en mi brazo, buscó una toalla mojada que le pedí, y me limpio la cara llena de lágrimas, sangre, hematomas, maquillaje corrido, y me dormí. Que porquería buscar consuelo, de quien nos lastima. Cuando nos despertamos, me tomo de la cara y me dijo; mírame, mírame, yo te amo”.

La última agresión se produjo en Neuquén, unos días más tarde. Después de una discusión, “me tomó de los brazos, me puso boca abajo sobre la cama, y se subió sobre mi espalda, se arrodilló sobre mi espalda. Haciendo presión total. Pensé que me mataba, no podía respirar, no podía gritar, sentía que se me salían los ojos por la presión, empecé a tener arcadas y a vomitar, y el siguió ejerciendo presión con sus rodillas sobre mi espalda”. Hasta que finalmente la soltó y se fue.

Gisella contó después: “Mi corazón todavía no lo entiende. El amor de mi vida, lo amo tanto, quien creí que era, estaba torturándome. Tengo un cansancio mental, físico, que no existe palabra para describirlo. Me desviví, me desgasté, rogué mendigué, me dejé maltratar, por amor. Por el suyo, por un poco de protagonismo, por un par de caricias en la noche. No lo aguanto, me arde hasta la piel de la tristeza que tengo, lo perdí, me perdió, nos perdimos para siempre y solo espero que con mucha ayuda psicológica logre sanar y no vuelva a dañar a otra mujer, porque lo que viví no se lo deseo a nadie. Te amo, aunque se que pronto dejaré de hacerlo, te voy a olvidar de a poco por que en mi corazón no existe odio. Te dejo ir, para siempre, porque ahora debo empezar a amarme a mí”.