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01/01/2025

A 13 años del asesinato de Carlos Soria: el recuerdo meticuloso de la periodista que siguió el caso

La periodista Gisele Sousa Dias fue la enviada de Clarín, y no se olvida más de cada detalle de lo que se dijo en el juicio.
Carlos Soria, por entonces gobernador de Río Negro, fue asesinado el 1 de enero de 2012 (Foto archivo)
Carlos Soria, por entonces gobernador de Río Negro, fue asesinado el 1 de enero de 2012 (Foto archivo)

En la madrugada del 1 de enero de 2012, el por entonces gobernador de Río Negro, Carlos Soria , fue asesinado por quien era su esposa, Susana Freydoz . Luego de toda una jornada de discusión y gritos en plena preparación para celebrar el Año Nuevo en familia en su chacra de General Roca, llegó el desenlace fatal.

El crimen fue cometido en la habitación matrimonial de la chacra. Hubo un juicio, y allí quedó comprobado que Freydoz, luego de lavar los platos junto con su hija, la actual intendente de Roca, María Emilia Soria , fue al dormitorio en el que estaba Soria y se generó una nueva discusión. En medio de ese altercado, la mujer tomó un revólver calibre 38 de la mesa de luz y le disparó. Quien era gobernador murió en el acto.

Freydoz fue condenada a 18 años por el delito de “homicidio calificado por el vínculo”  pero no recibió la pena de prisión perpetua -prevista para ese tipo de asesinato- porque la Cámara del Crimen de General Roca pareció que existieron “circunstancias extraordinarias de atenuación” . Hoy tienen libertad condicional.

A 13 años de esta escena que sacudió a la provincia y permaneció en vilo a todo un país, la periodista Gisele Sousa Días recordó cómo fue trabajar en ese caso. “Esta historia se metió en mi vida un 1° de enero de 2012. Feriado, un calor insoportable”.

“Me levanto, yo había pasado la noche de Año Nuevo con mi familia, en Hurlingham. Al mediodía, mi papá prendió la tele en Crónica, donde enseguida apareció una placa roja gigante . La noticia decía que habían encontrado al flamante gobernador de Río Negro muerto en su casa después de haber pasado la noche de Año Nuevo”, siguió su relató Sousa Dias.

Y continuó: “Acá, unos datos que son claves en la historia: había aparecido semidesnudo, en su cama, y con un tiro en la cara. Esto es lo primero que se supo, lo que decían las placas rojas . En la chacra quedaban solamente tres personas: su esposa, su hija y su yerno. Yo me acuerdo que me quedé parado frente a la tele, la boca medio abierta haciéndome un millón de preguntas, mi papá al lado, nadie se hablaba con nadie, pero todos nos hacíamos pregunta”.

Luego de poner en contexto, detallar con lujo de detalles esos instantes en la charla con Vuelta y media ( Urbana Play ), contó: “Yo lo conocí al protagonista de esta historia, al Gringo Soria, el que acababa de ganar la gobernación de Río Negro porque era un político que andaba por acá (Buenos Aires) también, y sabía que era un típico caudillo peronista, ojos celestes, fachero…”.

“Me acuerdo verme a mí, mirando la tele, y preguntando: ‘¿Murió tipo accidente doméstico, se le escapó un tiro en la cara o lo mataron?’. Y como me acordaba de sus ojos celestes y la facha, me acuerdo de mí preguntándome: ‘¿Por qué un tiro en la cara, al lado de los ojos celestes?’. 10 meses después, y por eso dijo que esta historia se metió en mi vida, me tocó ir a cubrir el juicio a General Roca, Río Negro”, siguió la periodista que cubrió el caso para Clarín.

Carlos Soria y Susana Freydoz

El juicio y los trapitos al sol

A continuación, en la charla con Sebastián Wainraich, se metió en lo que fue el juicio desde su mirada, siguiendo cada paso de lo acontecido. “Hubo muchos más secretos de alcoba de los que cualquiera se pueda imaginar, esta historia tiene mil títulos posibles, pero el título es: Pueblo chico, infierno grande”, resumió antes de adentrarse en los pormenores.

Su relato la posicionó en los inicios de la relación de Soria y Freydoz, ya que lo creyó trascendental. “Estaban juntos desde la adolescencia, habían venido desde el interior a Buenos Aires, él se había recibido de abogado y ella de nutricionista en la UBA. Hasta ahí vidas muy parecidas. Habían tenido 4 hijos juntos y acá es donde sucede una de las claves de la historia para mí: ella renuncia a su carrera para quedarse cuidado a sus hijos, y que él pudiera escalar en su carrera política. Un acuerdo de pareja, como las hay, y más en ese generación”, mencionó.

“Hacia afuera eran un matrimonio de toda la vida. Sólido. Pero hacia adentro, y esto se develó en el juicio, habían empezado a caminar en un puente de madera podrida. En los últimos dos años. El primer día del juicio arranca hablando de amantes y de mensajes de texto a números desconocidos. Lo que empieza a debelarse es que Susana, que lo había bancado siempre, había descubierto que él le era infiel”, subrayó.

Ya metiéndose en los planteos que surgieron en la pareja, remarcó: “Cuando ella se lo va a decir a él, él le dijo: ‘Nada que ver, Susana. Estás loca’. ‘Estás loca, te lo estás imaginando’, todo el tiempo venía esto. Imagínense él en Buenos Aires, rosqueando, ella en un pueblo, encerrada en su casa. Empieza a obsesionarse a un nivel médico, les diría. ¿Con qué? Con amantes reales, las que había descubierto, y amantes imaginarias. De hecho, en el juicio, los psiquiatras hablaron de celos patológicos, o sea, celos en la categoría enfermedad”.

“Susana Freydoz había comenzado terapia por eso que le estaba pasando, en Neuquén, en la provincia de al lado. Ella empezó a ir, a estar mejor, hasta que él le dijo: ‘Tené cuidado con lo que hablás’. Ahí, ir a terapia a contar lo que no podes contar, ella dejó de ir”, prosiguió.

Sobre cómo era la vida de Susana y su obsesión, manifestó: “Uno de los testigos contó que iba a buscar a su marido a su despacho, pero no entraba; se quedaba detrás de los árboles para ver con quién salía. En el juicio declaró un montón de gente, pero la que yo sentí posta que tenía una verdad indiscutida era la empleada doméstica”.

“Fue la única que estuvo siempre con Susana Freydoz y la veía como estaba. Fue la única que declaró llorando desconsoladamente. Piensen que sus hijos tenían otro rol…terrible: demostrar que su madre estaba fuera de sus cabales para que no le dieran cadena perpetua. Ya habían perdido al padre e iban a perder también a la madre. A los hijos los eximo de cualquier situación porque hicieron lo que pudieron”, siguió su relato.

Y regresando a la empleada doméstico, contó: “La adoraba a Susana, y contó llorando que la señora estaba con una gran depresión, que lloraba todo el día. ‘Yo encontraba pastillas en las jaboneras y copas entre los toallones’, y decía: “Yo esperaba que el señor llegara de Buenos Aires para poder contenerla, pero el señor llegaba de Buenos Aires y le pasaba por delante como si ella fuera un mueble’”.

Susana Freydoz en el juicio, acompañada por su hija María Emilia

La noche del crimen

Sobre las horas previas al asesinato, la periodista contó: “Esa noche se pelearon, por lo menos, cinco veces. Están enumeradas en el fallo, lo contaron los todos los que habían estado ahí. Se pelearon por pavadas…cuento una para que vean el tenor…a él le regalaron un llavero en forma de herradura, lo fue a colgar en la pared, y ella le dijo ‘eso es un asco, es horrible’, y él se enojó, lo desenganchó, y lo revoleó. Después se pelaron porque él estaba cortando la carne gruesa, después porque hicieron karaoke, él se puso a cantar Cacho Castaña y ella le dijo que era un ridículo…”.

“Estaba enojada, a la vista de todos, y por pavadas. Pero, en realidad, estaba furiosa porque hacía 9 días había descubierto el mensaje de texto y, además, creía saber quién era la amante. Supuestamente, una kinesióloga de 36 años. La mitad de los años que tenía él, la edad de su hija. Soria no hizo nada para desactivar esa bomba, el terror que tenía ella, que él se fuera con la amante a la residencia de Viedma. Todo lo contrario, él no la quería llevar a ella, y le decía: ‘para qué vas a venir, para romperme las pelotas”, marcó.

“Les leo el informe: “Cada una de esas discusiones fueron las válvulas de escape que encontró ella para liberar la presión interna que venía conteniendo”. ¿Qué hizo él? Cuando terminó la noche de Año Nuevo, que hubo que brindar, brindó con todos, menos con ella”, indicó.

Sobre esos minutos previos al desenlace, dijo: “A las 3.30 de la mañana todos los invitados se fueron, quedaron tres personas: Susana, la hija María Emilia y el yerno, novio de María Emilia. María Emilia dijo que en un momento Susana dejó las copas y se fue detrás de él, que ya se había ido a acostar. ‘Estaba mi novio, me dio vergüenza, entonces traté de alejarme’, dijo ella, pero que se escuchaba igual la discusión”.

“La hija dijo que cerró puertas, para que no se escuchara, que se escuchaba igual y que, cuando estaba volviendo a la cocina escuchó el balazo. Yo la los hijos los saco, los pondría en el lugar de hijos que no querían perder también a su madre, mostrar que su mamá estaba completamente fuera de sus cabales. María Emilia declaró: ‘Cuando abrí la puerta mi mamá estaba sacada, babeaba, balbuceada. Era como un perro rabioso’. Martín Soria dijo: ‘Nunca me voy a olvidar de la mirada que tenía mi mamá cuando entré: oscura, como un perro cuando muerde”.

Sobre la condena, indicó: “Hubo algo que hizo la que Justicia le bajara la pena. Se acuerdan que les dije que ella había empezado terapia y que había dejado de ir porque él le había pedido…la Justicia, dijo: ‘Quedó frustrado entonces un camino que podría haber atenuado el infierno de celos que padecía la imputada y, quizás, evitado la tragedia”.