A CASI 20 AÑOS DE LA TRAGEDIA
Conmovedor encuentro en el Vaticano: el papa Francisco recibió al Pato Fontanet
En un gesto que trasciende fronteras y heridas del pasado, el papa Francisco recibió esta semana en el Vaticano al antiguo líder de la banda de rock argentina Callejeros, Patricio Fontanet. Un encuentro privado cargado de emotividad que se desarrolló en la Casa Santa Marta, una congregación conocida por su ambiente de sobriedad y misticismo.
Fontanet, acompañado de su colega y también miembro de Callejeros, Luis Lamas, llegó a la sede del catolicismo mundial con un presente peculiar: un libro titulado "Voces, Tiempo, Verdad", el cual sintetiza a través de múltiples voces lo sucedido aquella fatídica noche del 30 de diciembre de 2004 en el local Cromañón. La obra, a través de testimonios de los sobrevivientes, intenta arrojar luz sobre lo que sucedió aquel día y preservar así la memoria colectiva ante una de las tragedias más impactantes en la historia reciente de Argentina.
La audiencia, que fue posible gracias a los vínculos amistosos entre Lamas y Roberto Carles, ex embajador argentino en Italia, permitió a Fontanet y su compañero compartir con Francisco no solo su presente, sino también las proyecciones futuras de sus luchas y esperanzas. En medio de un atmósferico aura de solemnidad y reflexión, el Papa no tardó en sumergirse en las páginas del volumen, declarando que obras como esta son esenciales para cultivar el ejercicio consciente de la memoria.
Durante este encuentro de más de una hora, se respiró una profunda conexión empática. El Papa recordó, con voz grave y palabras sentidas, las noches que en su época de Arzobispo su labor pastoral lo llevó a caminar por los hospitales de Buenos Aires, ofreciendo su apoyo espiritual a las víctimas y a los afligidos familiares de una masacre que dejó huellas imborrables.
Recordó, también, como de cerca observó la mezcla de frustración y rabia, a veces dirigidas hacia él mismo, viniendo tanto de voces que clamaban justicia como de quienes demandaban redención y respuestas en medio del caos y el luto. Con un acto de despedida suave pero igniciónal, Francisco ofreció un consejo lleno de esperanza: "Les pido que nunca pierdan la ilusión."