2026-09-13

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El museo que pocos conocen de Regina: el lugar que nació cuando un comercio cerró

Hay lugares que, aunque cierren sus puertas, de alguna manera se niegan a desaparecer. En una esquina del centro de Regina todavía sobreviven objetos, fotografías y recuerdos de una época en la que ir a comprar también significaba conversar con el almacenero, llevarse la mercadería “a cuenta” y confiar en que a fin de mes, o cuando se pudiera, la deuda estaría saldada.

En la esquina de las calles 25 de Mayo y Don Bosco, arriba de donde durante más de nueve décadas funcionó Casa Grifoni, hoy hay un pequeño museo familiar que guarda parte de esa historia. Lo creó Héctor “Pallino” Grifoni después de que el tradicional comercio cerrara sus puertas a fines de 2022, tras 92 años de actividad y tres generaciones de la familia al frente.

Durante la tarde del viernes, Pallino abrió las puertas de su museo a LCR. Foto: Julieta Cerezuela 

Pallino abrió las puertas del museo a LCR y, mientras recorre cada rincón, también vuelve sobre una historia que conoce de memoria. La de su familia, pero también la de una Regina que crecía junto con sus comercios, sus inmigrantes y sus primeras familias.

“Se cumplió un ciclo, hay que saber cuándo es tiempo de cerrar las puertas y disfrutar el tiempo que nos queda con la familia”, cuenta Pallino mientras observa los objetos que él mismo ordenó y dispuso en el lugar.

Pallino mirando el reconocimiento que recibió a los 80 años de Casa Grifoni. Foto: Julieta Cerezuela

Antes se iba “de Grifoni”

Para entender por qué este museo tiene tanto de Regina, hay que volver bastante atrás. A una época en la que los almacenes de ramos generales eran mucho más que un lugar para comprar comida.

Era 1937 y la firma Cadenas de Almacenes de Alimentos (CADA)  decidió vender el comercio, fue ahí cuando Enrique Grifoni, padre de Pallino, compró el local y comenzó a desarrollar allí la actividad comercial que con el tiempo se convertiría en Casa Grifoni. Abrió sus puertas en la ciudad, apenas trece años después del nacimiento de Regina. Allí se podía encontrar prácticamente de todo; alimentos, herramientas, artículos de construcción y distintos elementos de bazar y ferretería. Incluso había un pequeño bar donde los vecinos podían quedarse a compartir un momento.

El apellido familiar pasó a ser el nombre del comercio, algo habitual en aquella Argentina de inmigrantes que llegaban al país y construían sus proyectos alrededor del trabajo. El nombre también se convirtió en una forma de identificar el lugar. No hacía falta explicar demasiado, los vecinos simplemente decían “voy de Grifoni”.

Héctor "Pallino" sostiene orgulloso una lata de membrillo de la fábrica reginense. Foto: Julieta Cerezuela

Y así, generación tras generación, miles de reginenses y vecinos de distintas localidades del Alto Valle pasaron por aquella esquina.

Cajas llenas de historia

Cuando Casa Grifoni cerró, Pallino se encontró con algo que no esperaba del todo. Entre las cosas que habían quedado guardadas aparecía una parte de la historia familiar y comercial de la ciudad.

Había herramientas, fotografías, publicidades, folletos y objetos que ya casi no forman parte de la vida cotidiana. En lugar de dejar que todo eso quedara guardado en cajas, decidió armar un pequeño museo en la planta superior del edificio.

La idea original era que fuera algo privado, para que pudieran conocerlo familiares y amigos. Pero después llegaron las visitas, las charlas y las sugerencias para abrirlo a la comunidad.

Y Pallino aceptó.

Desde entonces, vecinos, escuelas e instituciones pueden visitar el museo, coordinando previamente con él. Cada objeto tiene una historia y Pallino se encarga de contarla con la memoria de quien vivió buena parte de ella.

Entre las piezas aparecen canillas de madera utilizadas por bodegueros en los barriles, elementos para colocar corchos en botellas de salsa, cepillos de madera, llaves, publicidades antiguas de comercios, folletos, fotografías, planchas a nafta, sopletes de cobre y elementos utilizados para soldar, entre muchas otras cosas.

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Algunas son verdaderas piezas de colección. Otras tienen un valor distinto, fueron herramientas que Pallino compró, utilizó y conservó durante décadas.

Una Regina que todavía se puede tocar

Pallino también recuerda cómo era trabajar en aquellos años, cuando conseguir mercadería podía llevar meses y hacer un pedido no era cuestión de mandar un mensaje o levantar el teléfono.

“Antes la mercadería, prácticamente el 80% venía del exterior. Era francesa, inglesa, alemana, italiana. Había que hacer las compras cada 6 o 7 meses, no como ahora, que hacemos hoy el pedido y mañana ya tenemos el producto acá”, recuerda.

“Este foco es de 1.000 watts, muy antiguo. Hoy en día, el recibo sería millonario”, bromeó Pallino. Foto: Julieta Cerezuela

Durante más de 60 años, Pallino estuvo al frente de Casa Grifoni y se ganó el cariño de generaciones de clientes. Incluso recuerda uno de los slogans que acompañó al comercio durante muchos años.

“Si Grifoni no lo tiene, no lo busques porque no existe”, cuenta entre risas.

Imagen de los inicios de Casa Grifoni, cuando el comercio funcionaba bajo el nombre de "Cada". Detrás se puede ver la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, en plena construcción. Foto: Julieta Cerezuela

Pero la historia de los Grifoni en Regina no se quedó solamente detrás del mostrador. El padre de Pallino, fundador de Casa Grifoni, también tuvo un papel en los primeros años de la vida religiosa de la ciudad y colocó la piedra fundamental de la primera iglesia de Regina, una construcción anterior a la actual Parroquia Nuestra Señora del Rosario.

Pallino, por su parte, además de comerciante, fue presidente del Círculo Italiano, de la Cámara de Comercio y desde hace más de 20 años se desempeña como tesorero del cuartel de Bomberos Voluntarios de Regina.

Las puertas de Casa Grifoni se cerraron, pero la historia quedó

Hoy, aquella esquina céntrica que durante décadas fue un punto de encuentro tiene otros comercios. Casa Grifoni ya no atiende clientes, pero una parte de lo que ocurrió detrás de esas puertas todavía permanece unos metros más arriba.

El museo nació casi por casualidad, entre cajas que guardaban objetos que parecían viejos hasta que alguien se detenía a preguntar qué historia había detrás.

Y quizás ahí esté lo más lindo de este pequeño lugar. No hace falta viajar demasiado lejos para encontrar una parte de la historia de Regina. Está en una herramienta, en una fotografía, en una publicidad vieja o en una anécdota que Pallino recuerda mientras señala un objeto.

Porque detrás de cada una de esas cosas aparecen también las historias de nuestros abuelos, bisabuelos y padres. Personas que llegaron a estas tierras, trabajaron, abrieron comercios, formaron familias y fueron construyendo, casi sin darse cuenta, la ciudad que hoy conocemos.

Pallino sostiene una copia de la lista de materiales y medidas utilizada para la construcción del Indio Comahue, en la que participó su tío, Alberto Sartor. Foto: Julieta Cerezuela

Regina se prepara para cumplir 102 años el próximo 7 de noviembre y la familia Grifoni fue parte de esos primeros capítulos.

Y ahora, aunque Casa Grifoni ya no esté abierta como comercio, Pallino decidió que algunas de sus historias sigan teniendo las puertas abiertas.

Nota y video por: Celeste Cerezuela

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