Cultura
¿Qué pasaría si pudiéramos escuchar sin ser vistos? La obra sobre dos mosquitas que observan el mundo humano se estrena en Regina
Hay obras que cuentan una historia. Y hay otras que invitan a mirar el mundo desde un lugar completamente distinto. Cómo me gustaría ser mosquita, la nueva producción dirigida por Fabiana Marchetti, pertenece a este segundo grupo.
Las moscas suelen ser visitantes indeseadas. Las intentamos espantar. Revolotean donde algo se descompone, irrumpen en la tranquilidad y no despiertan simpatía. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos ver el mundo desde sus ojos? ¿Escucharíamos conversaciones ajenas? ¿Seríamos testigos de secretos que nadie se anima a contar? ¿Acompañaríamos una historia de amor, de desamor o simplemente nos dejaríamos llevar hacia un lugar desconocido?
A pocas horas de su estreno, previsto para mañana sábado 13 de junio a las 21 en la sala de la Cooperativa La Hormiga Circular, Celeste de LCR Diario, fue invitada a presenciar el ensayo general y a conversar con sus protagonistas, luego de su paso por LCR Radio Streaming. La experiencia dejó una sensación difícil de explicar: durante 45 minutos, el público deja de observar a las moscas como esos insectos molestos que revolotean sin permiso para empezar a preguntarse qué verían ellas si pudieran contar su propia versión de la historia.
Dos mosquitas sueltas en Regina
Sobre el escenario aparecen Prototipo 1 y Prototipo 2, interpretadas por Magalí Zubiri y Celina Zottele. Son dos mosquitas simpáticas desde el primer minuto, curiosas, observadoras y hasta amistosas.
A través de ellas, la obra habla del amor, los viajes, los recuerdos y de esos secretos que quedan flotando en las conversaciones humanas. Esos que muchas veces pasan desapercibidos para quienes los protagonizan, pero que podrían ser un tesoro para un insecto capaz de escuchar sin ser visto. Porque, seamos sinceros, ¿Quién no quiso alguna vez escuchar sin ser visto?
La escenografía, creada por Karina Navarrete y Pablo Scalamogna, funciona como un gran mapa emocional construido a partir de paisajes reginenses.
Una obra que nació al revés
Durante la charla en LCR Radio Streaming, Fabiana Marchetti contó que el punto de partida fueron preguntas: ¿cómo sería ser una mosquita? ¿Qué podría ver? ¿Qué escucharía?
De esa inquietud surgió la propuesta.
Y quizás allí está una de las particularidades más interesantes del proyecto. En lugar de partir de un texto terminado para luego buscar intérpretes, el proceso creativo se construyó junto a las actrices. La idea apareció primero; el universo de las mosquitas fue tomando forma después, de forma colaborativa.
Según explicó la directora, la obra también tiene mucho de ellas tres, de sus propios viajes, de las conversaciones escuchadas al pasar, de las ventanas de colectivos y de la curiosidad permanente por aquello que las personas sienten pero no siempre dicen.
El encuentro entre dos artistas
También resulta interesante el vínculo que se genera entre las protagonistas.
Por un lado está Magalí Zubiri, actriz con experiencia escénica, que sostiene con naturalidad los cambios de ritmo y las distintas capas emocionales del relato.
Por el otro aparece Celina Zottele, conocida principalmente por su recorrido en la danza. Sin embargo, esa formación se convierte en una herramienta fundamental dentro de la obra. Sus movimientos, presencia corporal y capacidad para construir escenas desde la sensibilidad musical terminan complementándose perfectamente con su compañera.
La química entre ambas es evidente y constituye uno de los grandes aciertos de la propuesta.
Shhh, dijo la mosquita
Uno de los aspectos más llamativos de la obra es que la comunicación no depende del texto, ya que no existen las palabras. Reinan los gestos, los movimientos, las miradas, los sonidos y la música, ocupan un lugar central en la construcción de la historia.
Las actrices desarrollan un intenso trabajo físico que guía al espectador a través de emociones, recuerdos y situaciones cotidianas, generando una experiencia que por momentos se siente tan visual como teatral. Además, de la mano del cineasta Marcos Quiñones, la obra es compañada por una pantalla que muestra en video uno de los momentos finales.
Funciones y entradas
Cómo me gustaría ser mosquita se estrenará mañana sábado 13 de junio a las 21 en la sala de La Hormiga Circular, ubicada en Avenida 9 de Julio 124 de Villa Regina.
Las próximas funciones serán el 27 de junio y el 4 de julio. Tras cada presentación habrá un conversatorio con el público, generando un espacio de intercambio entre los artistas y los espectadores.
Las entradas anticipadas tienen un valor de $15.000 y pueden solicitarse mediante WhatsApp al 3834207599.
Una oportunidad para dejar de mirar a las moscas con fastidio y empezar, aunque sea por un rato, a preguntarse qué historias podrían contarnos si alguna vez pudieran tener voz.
Por: Celeste Cerezuela
Mirá la charla en LCR Radio Streaming