Crimen de Ángel López: el testimonio clave que revela violencia previa y sospechas de encubrimiento
La investigación por el crimen de Ángel Nicolás López sumó en las últimas horas un elemento determinante: el testimonio de una vecina que asistió al menor poco antes de su fallecimiento y que aportó detalles relevantes sobre el contexto en el que vivía.
La testigo, identificada como Karen, relató que fue alertada en la madrugada por los gritos de la madre del niño, Mariela Altamirano, quien solicitaba ayuda urgente. Al intervenir, describió un cuadro crítico.
“Sus labios estaban azules y su cuerpo era una gelatina, no tenía movimiento”, señaló, al recordar el momento en que intentó asistirlo sin éxito.
Su declaración permitió reforzar una de las principales líneas de investigación: la existencia de un entorno de violencia sostenida dentro del hogar. Según indicó, los episodios de golpes y gritos eran habituales y fácilmente perceptibles por los vecinos, debido a las características precarias de la vivienda.
En ese sentido, aseguró que la naturaleza de las agresiones era evidente y que incluso habían evaluado realizar una denuncia colectiva ante un nuevo hecho de violencia.
Uno de los datos más relevantes que aportó el testimonio refiere a lo ocurrido la noche previa al crimen, cuando se registraron fuertes ruidos de golpes contra la chapa, seguidos de gritos que cesaron de manera repentina.
A esto se suman conductas posteriores que son analizadas por los investigadores. Testigos señalaron que el padrastro del niño, Maicol González, se mostró indiferente durante las maniobras de reanimación.
Además, días después del fallecimiento, se detectaron movimientos sospechosos en la vivienda. Según el relato de la vecina, se percibió un intenso olor a quemado y se observó la quema de objetos en un tacho, lo que abre la hipótesis de una posible destrucción de pruebas.
Estos elementos son ahora materia de análisis dentro de la causa, que busca determinar las responsabilidades en un caso que conmociona por la violencia extrema y las señales de alerta que, pese a ser evidentes, no lograron evitar el desenlace fatal.