2026-04-02

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“Hay que seguir malvinizando”: la historia de un excombatiente de Malvinas en Regina

Mario Munafó recordó cómo, con apenas 18 años, recibió la orden de partir sin saber a dónde. Un testimonio que atraviesa el tiempo y mantiene viva la memoria.

En una entrevista con LCR Diario, el excombatiente de Malvinas Mario Munafó contó los detalles de aquellos duros días, donde la familia, los amigos y la vida de cientos de jóvenes se puso en pausa para defender una idea, una razón, un objetivo: la patria.

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Mario participó en el acto de hoy, dejando la ofrenda floral en el Monumento a los Caídos en Malvinas. Foto: Celeste Cerezuela - LCR

 

En este día, donde las vivencias expresadas en palabras de hombres y también mujeres que lucharon por nuestro territorio inundan las redes sociales, rescatar cada uno de esos relatos produce piel de gallina y construye un archivo histórico que vale la pena atesorar.

Parte del archivo fotográfico que Mario Munafó compartió con LCR Diario.

 

El viaje a la incertidumbre

Para Mario, como para tantos otros, Malvinas fue un destino al que no sabían que iban. Pensar hoy, que enviáramos a nuestros hijos, sobrinos, nietos o hermanos de 18 años a un conflicto, a una guerra de la que no se sabía nada, resulta impensado. Pero hace 44 años, esa fue la realidad de cientos de jóvenes argentinos que, ante la orden de “saluden a sus familias y agarren ropa que zarpamos”, no dudaron en enfrentarse al monstruo de una guerra de la que algunos no regresaron. Hoy son nuestros héroes: algunos volvieron, otros siguen allá.

Foto: Mario Munafó

 

Mario pertenecía —o pertenece aún— a la dotación del buque de desembarco Cabo San Antonio, donde se desempeñó como buzo. “Íbamos a salir de franco y nos dijeron que teníamos que volver a las 20 horas, que fuéramos a ver a nuestras familias, que preparáramos ropa y volviéramos. Nadie sabía nada más. Al otro día zarpamos desde la base naval de Puerto Belgrano hacia… no sabíamos dónde”, cuenta en el video de LCR, recordando esa tarde, puntualmente las 14 horas, cuando en lugar de tomarse el franco se puso al servicio de su país.

Tras dos días de navegación, les comunicaron el destino y la misión. El viaje duró casi una semana. Mario reconoce que a sus hijos —hoy mayores de 30 años— les fue contando lo vivido a medida que crecieron, porque en ese momento no se dimensionaba lo que habían hecho esos jóvenes argentinos en un territorio propio que los trató como extranjeros. “Fue muy fuerte, uno se hace amigo de desconocidos muy rápido en una situación así”, comenta.

Foto: Mario Munafó

 

La memoria que sigue viva

Después de la guerra, continuó cumpliendo su contrato con la Armada durante dos años más y luego se radicó en Regina. Consultado por LCR sobre cuál es la mejor manera de mantener viva la memoria de lo ocurrido en 1982, respondió sin dudar: “En las aulas, en todos los niveles. La patria hay que llevarla encima, hay que defenderla, si es sin armas mejor. Hay que seguir malvinizando”, concluye uno de nuestros héroes, con mayúsculas.

Los relatos, sus relatos, los de nuestros héroes, demuestran que el conflicto no terminó. Es un dolor profundo en el corazón del país, una herida que aún no logra sanar. Ante un hecho tan grande, solo podemos decir gracias. No alcanza, pero es lo más grande que tenemos para darles.

Nota y video: Celeste Cerezuela de LCR

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