2026-02-27

El secreto está en el suelo: cómo mejorar el riego y la fertilización en el Valle Inferior

Explicaciones técnicas de la ingeniera Evelyn Neffen, de la Estación Experimental del INTA.

Desde hace muchos años el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria del Valle Inferior viene analizando cómo lograr un cultivo eficiente y sostenible desde el suelo. Por ello, es indispensable la preparación y la rotación de cultivos hasta la fecha óptima de siembra, el riego y la fertilización.

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En una nueva edición del suplemento “Agroeconómico”, la ingeniera agrónoma Evelyn Neffen, de la Estación Experimental INTA Valle Inferior, brindó recomendaciones a NoticiasNet para lograr un cultivo eficiente y sostenible.

En este sentido, indicó: “En el Valle Inferior del río Negro, la preparación del suelo es un factor determinante para alcanzar altos rendimientos en maíz porque el sistema productivo se basa mayoritariamente en riego gravitacional. A diferencia de los sistemas presurizados, donde el agua se distribuye mediante emisores y aspersores que compensan irregularidades, en el riego superficial el agua se desplaza a través del suelo y su distribución depende directamente de la nivelación y de la pendiente funcional del lote”.

Además, amplió: “Cualquier desuniformidad genera sectores con anegamiento y otros con déficit hídrico, afectando la emergencia, el desarrollo radicular y la absorción de nutrientes. En un cultivo como el maíz, que presenta un período crítico bien definido de alta demanda hídrica y nitrogenada, una implantación despareja condiciona el rendimiento desde el inicio del ciclo. Por ello, una adecuada sistematización y nivelación no solo mejora la uniformidad de aplicación, sino que incrementa la eficiencia en el uso del agua y permite un manejo nutricional más preciso”.

Entre los errores más frecuentes, citó que “se observan antes de la siembra se destacan la falta de una nivelación fina que asegure una pendiente homogénea, la presencia de compactaciones y el exceso de laboreo que deteriora la estructura del suelo. En cuanto al riego, es habitual mantener esquemas tradicionales sin ajustar tiempos de avance y corte, aplicar láminas excesivas o regar todos los surcos sin evaluar la eficiencia real de distribución. Estas prácticas suelen traducirse en pérdidas de agua y nutrientes, además de generar ambientes radiculares con baja oxigenación, lo que limita el crecimiento inicial del cultivo”.

Asimismo, mencionó: “Cuando el objetivo es mejorar resultados sin incrementar significativamente los costos, la clave está en optimizar el sistema existente. La implementación del riego por surco alterno representa una estrategia de alto impacto, ya que mejora la aireación del perfil y la eficiencia del uso del agua. Ensayos realizados en el valle muestran que los manejos con riego alterno han logrado rendimientos aproximadamente un 20 por ciento superiores respecto al riego tradicional que moja todos los surcos”.

En igual sentido, señaló: “El uso de mangas de polietileno permite un mejor control de caudales y una mayor uniformidad entre surcos. Si a esto se incorpora un kit de fertirriego conectado al tambor rompe carga (TRC), se potencia la sincronización entre agua y nutrientes”. En experiencias locales, por caso, la aplicación de una solución preparada en 200 litros, con una tasa de 6 L/m iniciada a mitad del tiempo de riego, favoreció una distribución más homogénea del fertilizante en el perfil.

Según reforzó “los estudios indican que el fertirriego con monitoreo puede mejorar el rendimiento entre un 14 y un 21 por ciento respecto de aplicaciones convencionales, consolidándose como una herramienta estratégica de manejo hídrico-nutricional. Complementariamente, el fraccionamiento del nitrógeno, aportando aproximadamente un 40 por ciento en cuatro hojas y el 60 por ciento restante cercano a floración, o en ocho hojas cuando no se realiza fertirriego permite aumentar la eficiencia de uso del nutriente y reducir pérdidas”.

El manejo del riego, dijo, que “impacta directamente en la eficiencia del uso del agua y en el desarrollo inicial del cultivo. Una distribución uniforme favorece emergencias homogéneas, un sistema radicular más profundo y mejor absorción temprana de nutrientes. En cambio, excesos hídricos reiterados generan hipoxia radicular y disminuyen el crecimiento potencial del cultivo. Optimizar tiempos, caudales y estrategia de aplicación no solo mejora la productividad por milímetro aplicado, sino que también reduce costos en insumos invertidos y preserva el recurso hídrico”.

“En una sola campaña, un productor que implemente una correcta nivelación, adopte el riego por surco alterno, incorpore mangas para mejorar la distribución y ajuste la fertilización mediante fertirriego o fraccionamiento estratégico puede esperar incrementos de rendimiento que, según el punto de partida, pueden situarse en el orden del 15 al 25 %”, añadió.

Además del aumento en producción, sostuvo que “se logra mayor uniformidad del cultivo, mejor eficiencia en el uso del agua y del nitrógeno, y una relación costo-beneficio más favorable sin necesidad de inversiones en sistemas presurizados”.

Finalmente, resaltó: “En el contexto del Valle Inferior del río Negro, la mejora en los resultados no depende necesariamente de aplicar más insumos, sino de gestionar con mayor precisión el agua y el suelo dentro del esquema gravitacional existente”.

 

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