Un reginense donó parte de su hígado y le salvó la vida a su sobrina: una historia de amor y valentía
Las batallas que afrontó Justina desde que nació y el enorme corazón de Dionisio ponen en valor la fortaleza de una criatura y la solidaridad más profunda. Se trata de una beba que vive en Chimpay y un hombre que reside en Regina, quienes no se conocían hasta que una complicación de salud los unió y así comenzó una relación entre tío y sobrina que emociona y que más allá de la distancia los unirá y los marcará de por vida.
La historia comenzó a mediados del año pasado cuando la beba que hoy tiene 10 meses debía recibir un trasplante de hígado y gracias a la donación de su tío, hoy Justina vive y goza de buena salud luego de una exitosa operación que se realizó en Buenos Aires a fine del 2025.
Cuando la criatura estaba a punto de cumplir dos meses de vida, sus padres notaron un color distinto en la piel y decidieron llevarla a la guardia del hospital de Chimpay. A partir de allí se inició un recorrido contrarreloj: Choele Choel, General Roca y, finalmente, el Hospital Garrahan, en Buenos Aires. Los estudios iniciales mostraron niveles elevados de bilirrubina, lo que encendió las alarmas en los profesionales.
Tras una serie de análisis y una ecografía, los médicos detectaron que no se visualizaba una parte del hígado ni el conducto por donde drena la bilirrubina. El diagnóstico fue atresia de vías biliares, una enfermedad poco frecuente y grave.
A los dos meses de vida, Justina fue sometida a una cirugía conocida como Kasai, que duró cerca de siete horas. El procedimiento consistió en extirpar los conductos biliares obstruidos y crear una nueva vía de drenaje utilizando una porción del intestino delgado.
Aunque la operación ofrecía una posibilidad de mejora, los controles posteriores mostraron que la bilirrubina no descendía. Con el paso de las semanas, los médicos confirmaron lo que la familia temía: el procedimiento no había funcionado y era necesario un trasplante de hígado para salvarle la vida.
Comenzó entonces la búsqueda de un donante compatible. Los padres no pudieron hacerlo por cuestiones físicas. Se evaluaron otras opciones dentro del círculo cercano y, de no aparecer un donante, Justina debía ingresar a lista de espera. Su abuelo se ofreció, pero su edad no era compatible. Fue entonces cuando apareció Dionisio, uno de los tíos de la pequeña.
“Cuando me enteré en septiembre que necesitaban donantes, no lo dudé. Incluso mi pareja fue quien me impulsó”, contó Dionisio al diario digital LCR.
Con 41 años de edad, siempre tuvo una vida sana y eso fue determinante. Su cotidianidad es el trabajo y su familia. Realiza tareas de cosecha en una chacra, carga todos los días un recolector de 20 kilos y se traslada en bicicleta desde su hogar ubicado en la zona de Villa Alberdi (puntualmente el loteo Leda) al trabajo, un trayecto de 8 kilómetros diarios.
“Nunca pasé por una internación y no recuerdo las veces que fui al hospital”, contó el trabajador rural que no dudó un segundo cuando supo que la vida de su sobrina dependía de ese gesto. “Gracias a Dios, los estudios confirmaron que era el donante ideal”, comentó el hombre.
La cirugía se realizó con éxito. A él lo operaron en el hospital Argerich y a la criatura en el Garrahan. A Dionisio le extrajeron una pequeña parte del hígado, que con el tiempo se regenerará, mientras que a Justina le realizaron un trasplante completo. El órgano recibido también crecerá junto a ella.
Así como la intervención fue exitosa, del mismo modo resultó la recuperación de ambos ya que evolucionaron de manera favorable, algo que incluso sorprendió al equipo médico.
“Gracias por darle a mi hija una nueva oportunidad de vida. Tu decisión y tu amor son un regalo que nunca podremos devolver”, expresó Catherina, la mamá de Justina a través de las redes sociales ni bien terminó la operación.
“Es más que su tío: es la persona que le regaló la posibilidad de crecer, reír, jugar y vivir. Por su valentía y generosidad se convirtió en su héroe para siempre”, agregó emocionada.
Por su parte, Mayra, esposa de Dionisio, también expresó su orgullo: “Estoy orgullosa de mi marido, la familia entera lo está. “Estuvo casi dos meses en Buenos Aires, fuera de casa y sin ver a su hijo, pero eso no importó porque lo más importante era que Justiva saliera adelante”.
Aunque la distancia hizo que tío y sobrina no se hayan visto antes de la operación, el corazón estuvo siempre cerca y una demostración de ello fue la respuesta tan simple y contundente a la vez de Dionisio cuando se le consultó por qué lo hizo: “Porque me nació”.
Gracias a ese enorme gesto, Justina hoy se encuentra bien, sonríe, se recupera y da pelea con una fortaleza que conmueve. “Sonreír a pesar de la adversidad, Justina es mi pequeña guerrera”, dice su mamá.
La necesidad de remodelar la casa
Al ser una paciente inmunosuprimida, Justina deberá tomar medicación de por vida (Tacrolimus) para evitar el rechazo del órgano, lo que implica defensas bajas y cuidados extremos para prevenir infecciones.
En este contexto, la familia enfrenta nuevos desafíos. Tras largos meses fuera de casa y sin poder trabajar con normalidad, necesitan refaccionar la vivienda para que cumpla con las condiciones necesarias para una persona inmunosuprimida. Por ello, han apelado durante los últimos meses, nuevamente a la solidaridad mediante rifas y sorteos para recaudar fondos.