Más de 3 mil argentinos quedaron varados en la frontera con Bolivia por la crecida del río y las elecciones
La frontera que separa Argentina de Bolivia en Aguas Blancas y Bermejo ha sido el epicentro de una crisis humanitaria sin precedentes. Más de 3.000 argentinos se encuentran varados en Bermejo, tras una repentina crecida del río que ha destruido el puerto de chalanas, la arteria principal de conexión entre estos dos países. El súbito aumento del nivel del agua se atribuye a un violento temporal que asoló el norte del continente, derribando infraestructuras y cortando comunicaciones.
Desde las primeras horas del sábado, residentes y turistas han sufrido las consecuencias de esta anómala crecida. Según testigos, todo ocurrió poco después de que las chalanas comenzaran su jornada laboral a las 7 de la mañana. En cuestión de dos horas, el río Bermejo, tradición alineada con pacífica indiferencia, se convirtió en un monstruo torrencial, devorando todo a su paso, desde embarcaciones hasta las maderas que conformaban la infraestructura del puerto. Semejante catástrofe dejó inhabilitado el paso fluvial, complicando la vuelta a casa de miles de personas cautivas en el país vecino.
Las confusiones administrativas añaden sal a la herida. Muchos de estos argentinos cruzaron la frontera para hacer compras o visitar seres queridos sin realizar los trámites migratorios necesarios, lo cual añade un complejo giro legal al ya intricadamente humanitario drama que se desenlace a lo largo del río insurgente. Las autoridades bolivianas, con el escenario además tensado por las elecciones generales, han restringido severamente la circulación. Las multas e incautaciones penden sobre quienes infrinjan las rígidas normas al contacto con el lado opuesto del río, mientras la posición argentina adopta una línea similar de firmeza, exigiendo pagos al reincorporarse en tierras nacionales.
Los impactos económicos se sienten también en ambos flancos de esta dividida frontera. Los comerciantes en Bermejo ven cómo sus habituales compradores se despliegan en la nada, atrapados del otro lado, con inventarios ahora inmovilizados por una avenida sin cliente. Paralelamente, los pequeños comercios de Aguas Blancas sufren el cese de ese sabatino rebote económico que permite a los lugareños prosperar semanalmente.
Frente al caos y la frustración, muchos argentinos optan por residencias temporarias en hoteles de Bermejo, aguardando que los niveles del agua mermen y la rigidez gubernamental permita una solución tangible al dilema humano en desarrollo. No obstante, tanto leyes de circulación como hospedaje son estrictamente vigilados, con la sombra de potenciales sanciones administrativas para aquellos que no regulen sus papeles en suelo boliviano.