Sociedad
El reginense que conquistó Europa con sus alfajores
En Nürnberg, Alemania, a más de 12.000 kilómetros de Regina, un reginense se las ingenió para conquistar Europa con un sabor bien nuestro: el alfajor. Juan Pablo Melchiori, que vive allí desde hace más de seis años, decidió llevar la clásica golosina nacional al corazón del viejo continente. Así nació Patagonien, una marca que crece con fuerza y sello argentino.
Todo empezó con nostalgia y antojo. Recién llegado, Juan Pablo buscó alguna golosina parecida al alfajor, pero no encontró nada similar. “En Argentina, tirado en el sillón viendo Netflix, sabía que podía bajar al kiosco y comprar uno. Acá no había nada que se le pareciera, así que empecé a hacerlos caseros para mí”, contó en vivo para LCR Radio Streaming.
De Regina a Alemania, con escala en la cocina
Luego de terminar el secundario en Regina, se fue a Bahía Blanca a estudiar. Primero probó con Contador, pero luego se recibió de Técnico en Seguridad e Higiene. Trabajó en aseguradoras hasta que la empresa cerró y lo despidieron. Con algunos ahorros, sin pareja ni hijos, decidió aprovechar su ciudadanía alemana (herencia de su abuelo) y probar suerte en Europa.
Llegó a Nürnberg y se instaló en la casa de una tía mientras tramitaba documentación y aprendía el idioma. Al principio trabajó en la cocina de un restaurante —en plena pandemia— y desde allí salieron los primeros alfajores. “Conseguí dulce de leche y empecé a hacer tandas pequeñas. Mis amigos y familia fueron los primeros en probarlos. Me daban críticas constructivas, y de a poco otros conocidos también los empezaron a pedir. Iba a entregarlos en bicicleta”, recuerda entre risas.
Hoy alquila una panadería cerca de su casa para producir por las tardes. Patagonien ofrece seis variedades: desde el clásico tipo Mar del Plata y el de nuez con chocolate blanco, hasta maicena, membrillo, batata, almendras, y un alfajor vegano —pedido especial que se volvió furor—.
Dulce éxito
No todo fue fácil. Emprender en Alemania implicó aprender un idioma complejo y cumplir una montaña de regulaciones. “Acá no podés abrir un negocio de panadería si no tenés el título de pastelero o panadero. Te lo cierran directamente. Hice el curso de integración, donde te explican cómo funciona todo: leyes, cultura, normas. Fue clave para adaptarme”, explicó.
El primer trabajo en Alemania fue lejos del traje y la oficina que tenía en Bahía Blanca: empezó en una cocina. Esta experiencia le permitió aprender palabras básicas y seguir estudiando alemán. Así, se fue ganando un lugar.
¿Y cómo reaccionan los alemanes ante un alfajor? “Al principio dicen que es muy dulce, pero después se vuelven locos. En los eventos, cuando lo prueban, les cambia la cara. Y no solo los alemanes: hay turcos, griegos, italianos que se llevan cajas enteras”, cuenta orgulloso.
Hoy Patagonien vende por correo en toda Alemania y ha enviado pedidos a Holanda, Francia, Italia y España. Su sueño a futuro es tener una fábrica o un café propio, para sumar más productos y seguir expandiendo el sabor argentino.
Desde 2022, sólo volvió una vez a Regina: para ver la final del Mundial. “Extraño con locura el asado en la chacra y a la familia”. Está haciendo todo lo posible para volver este fin de año y pasar las fiestas con los suyos.
Podés seguir su emprendimiento en Instagram como @patagonien.de o en Facebook como Patagonien Alfajores.
Por: Celeste Cerezuela
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