Sociedad
Una tatuadora de Viedma es furor en Capital Federal y le puso tinta a Dillom: conocela
Malena Nazareth Varela, (@naz.handpoke), una joven viedmense que triunfa en el mundo de los tatuajes, tuvo el placer de intervenir la piel de uno de los músicos más reconocidos del país: Dillom. Mediante una técnica especial, que no utiliza máquinas, lleva diversos trabajos y cada uno con una historia distinta.
Usa el puntillismo en lápiz, después lo traslada en microfibra y finalmente se luce en la piel en handpoke. Sus diseños nacen en base a sus vivencias, libros surrealistas, películas, aventuras, de escuchar diferentes géneros de música, de todo un poco, trata de abarcar la mayor cantidad de puntos posibles.
"Cuando diseño algo surge por una necesidad, por ciertas emociones que necesito expulsarlas. Muchas veces trato de trasladar cosas que aparecen en mis sueños, es más fácil proyectarme en un dibujo que hablando", indicó en un especial de su estudio "Inercia".
"Podría haber pintado cuadros que quedan ahí, para ser observados, pero me gusta que las imágenes se vuelvan parte de las personas, que queden vivos por todo lo que viva la persona", señaló.
En estos días "Naz", el apodo por el que la conocen todos, está tatuando en Viedma con cupos limitados y habló con NoticiasNet sobre sus sensaciones. En este sentido, explicó: "Volver a Viedma siempre me genera sentimientos encontrados. En los paisajes de Viedma encuentro la paz necesaria después de un año ajetreado viviendo en Buenos Aires, donde todo es ruidoso y acelerado, donde todo tiene que ser ya y nada es suficiente".
"En el río y en el mar de acá puedo relajarme y apagar la mente un rato, para darle espacio a nuevas creaciones. Gracias a la calma del mar me han llegado muy buenas ideas, ya que en esa calma meditativa, el estar con los ojos cerrados y el ruido del mar me ha llevado a visualizar imágenes que luego convierto en diseños o pinturas", expuso.
Consultada sobre sus sentimientos por tener en la camilla a Dillom, quien está pegado en la escena musical, comentó: "Tatuar a Dillom fue un antes y un después en mi carrera y una forma de probarme a mí misma que con esfuerzo uno puede llegar a posicionarse, y ser reconocido por lo que uno hace y disfruta hacer. Gracias a eso pude llegar a muchísimo más público del que ya tenía y que mi arte sea valorado por más personas".
Sobre cómo llegó hasta él, detalló: "Todo surgió cuando estaba viendo el videoclip de 'Piso 13' del disco Post Mortem, la estética del videoclip y las imágenes me encantaron y me inspiraron a pintar un buzo liso que tenía en casa. Hice el dibujo basado en varias imágenes del video y lo pinté a pincel. Mientras lo hacía filmé el proceso y lo subí a TikTok, a la gente le encantó y se hizo viral".
"No me lo esperaba para nada, fue súper emocionante en su momento. Al poco tiempo Dillom dio su primer show en Vorterix y yo saqué entradas. En el show decidí tirarle mi buzo, porque qué mejor persona para tenerlo que él mismo, pero cuando lo tiré, el buzo no llegó al escenario (nunca fui buena en Educación Física) y no supe más de él. Ya lo daba por perdido. Una semana después Dillom sube una foto del buzo preguntando quién lo había hecho, y como la gente ya había visto mi video pintándolo empezaron a enviarle mi perfil, hasta que me habló", prosiguió.
"Ahí fue cuando le dije que soy tatuadora y que podía ver mis diseños disponibles en mi perfil. Le gustó uno de mis diseños, un muñeco vudú, agendamos turno y a los dos días vino al estudio donde trabajo, en Inercia, en el microcentro. Llegó súper puntual, al contrario de lo que dice su canción jajaja. Fue una sesión muy tranquila y charlamos mucho, hablamos bastante sobre sueños y pesadillas, un tema que tenemos bastante en común. Me cayó súper bien. Sin que se lo pida subió una foto y me etiquetó, lo que me sirvió muchísimo y siempre le voy a agradecer", añadió.
Sobre sus orígenes, manifestó: "Mi comienzo como tatuadora fue casi accidental, no estaba en mis planes trabajar y vivir de esto. Yo estaba en mi tercer año estudiando Diseño Industrial en La Plata y, aunque ya tenía tatuajes y varios de ellos habían sido diseñados por mí, tatuados por otra persona, no consideraba el tatuaje como una salida y tampoco conocía el Handpoked, que son los tattoos sin máquina".
"Todo comenzó cuando conocí a una persona que estaba aprendiendo a tatuar con esta técnica y me prestó sus materiales para hacer una prueba, por curiosidad me hice un tatuaje sola en el tobillo, sin esténcil ni dibujo previo. Salió horrible. Mi segundo intento ya fue un cover tapando un tatuaje de esa persona, quedó bien y luego le hice otro de una rosa que también quedó bien. Los subí a Instagram, en la época donde subíamos todo a Instagram sin pensar demasiado, y varias personas comenzaron a preguntarme cuánto estaba cobrando", recordó.
"¿Cuánto cobro los tatuajes? ¡Pero si recién hice dos!, pensé. Había muchas personas que ya me seguían por mis dibujos y les gustaba mi estilo, y así sin dudar confiaban en mi persona para tatuarlos de por vida. Al principio no lo podía comprender, me daba nervios tremenda responsabilidad. Tatué a mi prima, increíblemente a mi mamá, a amigos, a hermanos de amigos y así el circulo se fue ampliando, hasta que empezó a llegar gente que yo no conocía y ahí hice un click: podía trabajar y vivir de esto, no era solo un hobbie", subrayó.
"En ese momento decidí hacerme un Instagram aparte e inventar el pseudónimo Naz, que viene de mi segundo nombre Nazareth, y el logo, que si lo observas bien está pensado para poder leerse tanto vertical como horizontalmente y tiene tres letras de tres líneas cada una. Soy un poco obsesiva y amo el número 3", precisó.
"Al principio tatuaba en mi monoambiente, no tenía ni camilla ni apoyabrazos, hasta que mi mejor amiga Agostina me regaló una camilla de sorpresa en mi cumpleaños, nunca voy a poder agradecerle lo suficiente, más que un empujón fue una patada en forma de ayuda. Poco después mi tía me regaló un apoyabrazos. En ese momento mi situación económica estaba complicada, me ayudaba del Progresar y vendiendo mi ropa o torta en la plaza, también pintaba remeras a pedido. Tatuar me cambió la vida", recordó con emoción.
"Empecé a crecer cada vez más en las redes pero el momento de más crecimiento laboral fue cuando comencé a tatuar en Studio Inercia en Buenos Aires. El acompañamiento de colegas, con los mismos intereses que uno, siempre ayuda al crecimiento personal, te pone retos y te obliga a mejorar día a día. Mis compañeros son increíbles y les tengo admiración", agradeció.
Y mirando hacia el futuro, "Naz" dijo: "Todavía tengo muchos proyectos por concretar y espero que mi arte siga llegando a las personas indicadas y generando cosas, sean malas o buenas" y cerró: "El arte está para generar y movilizar a las personas".